Intento dejar mi mente en blanco
para no recordar lo que has hecho.
Tanta frialdad desprendida por ti,
sentenciando un pasado que nunca fue.

Un arco iris en tonos grises fue tu inspiración
a un acto de fe que has destruido de forma ruin.
Frases hirientes que nunca fueron reales, salieron
de tu boca, condenando a quien no tenía culpa.

Testigo de ti y de tu ira fue mi cuerpo,
cicatrices de ese día que nunca podré borrar.
Testigo de ti fue el dolor que me has infligido,
por no pensar como tú, ni serte infiel.

No supe ver tu personalidad disociada
y confundí tu enfermedad con enfado.
Testigo de ti, he sido.
Testigo de ti, fueron mis lágrimas.


                             María Victoria Campos Pérez

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