A veces me sorprendo olvidándome de mí. Me concentro tanto en lo que aún no alcanzo, que paso de largo frente a lo que ya he vivido y conquistado. El ser humano tiene esa extraña costumbre de medir su valor por lo pendiente, por lo que falta, y rara vez se detiene a reconocer la riqueza de lo recorrido.
Hoy quiero mirar mi historia con otros ojos: entender que los tropiezos también cuentan, que los logros no siempre hacen ruido, y que cada paso —grande o pequeño— me ha traído hasta aquí.
No soy únicamente mis carencias ni mis metas pendientes; soy también mi camino, mi aprendizaje y todo lo que ya he sido capaz de construir.
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