Hoy recuerdo a mi mamá, una mujer como tantas y a la vez como ninguna, tan parecida a las que ahora leen esto y tan única como cualquier individuo. Con todas sus cosas buenas, pero, sobre todo, con cosas malas.

Un ser humano que dedicó gran parte de su vida a tratar de llevar a sus críos por lo que consideraba el camino del bien, que impuso disciplina, principios, honestidad y buen comportamiento al mismo tiempo que repartía consejos, apoyaba la fe y repartía amor.

Que lejos estaba del concepto de los doctores, pedagogos y psicólogos que ahora saben todo y que basan sus recomendaciones en la generalidad y que olvidan que cada ser humano es diferente y que funciona con base en estímulos distintos. Ella, a su manera, sin muchos estudios, pero con empeño de sobra, entendió que cada uno de sus hijos era y tenía que ser llevado de manera diferente.

No buscaba ser una amiga, mucho menos una consejera, no, tenía que ser una autoridad, un ejemplo, una guía. La amistad se dio después, cuando con uso de razón entendí que su papel había sido desempeñado magistralmente, que al inculcar los valores que ella consideraba importantes había logrado forjar los cimientos sólidos de lo que hoy es mi personalidad y mi existencia.

¿Que les diría a las mamás que hoy inician en el camino de la maternidad?, no sé, tal vez las regañaría, les diría un par de verdades y después se fusionaría con ellas en un abrazo fraterno para terminar sentenciando: “El camino es difícil, te equivocarás mucho y sufrirás más, pero vale la pena cada momento”

Con esto en mente, es que entiendo el arduo trabajo que es ser madre. Recordando todas mis andanzas de niño, de joven y aún de adulto, esas donde la figura de una persona que como sombra me seguía en el difícil arte de hacer tonterías, que se dio el tiempo para levantarme, curar mis heridas y propinarme mis correctivos, así, así es que comprendo la verdadera problemática a la que se enfrenta una mamá.

Sin importar el como se logró, los motivos que se tuvieron para ello, desde los más puros y abnegados y hasta los más mezquinos y egoístas, ahora una vida, desde que está en construcción y hasta el último de sus días, está en sus manos. Una labor titánica en manos de una guerrera que nunca se sentirá lo suficientemente preparada para ella.

El descanso quedó atrás, desde la concepción, un nuevo ser requiere de tiempo, de paciencia, de horas de sueño robadas, de tiempos de descanso interrumpidos, de noches de incertidumbre y de llanto en silencio. No importa la edad que tengamos los hijos, si hemos emprendido nuestro camino fuera del hogar, solos o acompañados, siempre, nuestra madre nos dedicará un poco de su tiempo y quizá una oración en el transcurso de su día.

Sin duda, las madres son una especie de heroínas, de esas que no necesitan una capa o un traje de colores vistosos, que con pequeñas acciones crean esa gran imagen que de ellas tenemos, que soportaron a pié firme todos nuestros reclamos de su actuar, que defendieron nuestra sinrazón a pesar de que sabían que estábamos mintiendo o equivocados, que buscaron la forma en que sí se podían hacer las cosas y no se conformaron con un no por respuesta.

Y nada más por poner unos ejemplos de cosas que no pasan o pasaron desapercibidas de estas heroínas, recordemos que:

Sí, si querían ese último pedacito de pastel que nos dieron.

Si les dolía curar los raspones que nos hicimos al caer o ver como nos ponían las inyecciones que necesitábamos.

Si lloraron cuando esperaron en la sala del hospital cuando hubo necesidad de que fuéramos intervenidos por cualquier cosa sencilla o complicada.

Si buscaron consuelo en Dios cada vez que salimos a donde no estábamos a su alcance para ayudarnos si lo requeríamos.

Si se sintieron impotentes ante el aumento de conocimientos que nosotros teníamos y que las dejaba en clara desventaja.

Si se sintieron ridículas cuando no podían manejar los dispositivos que para nosotros eran comunes y sencillos.

Si leyeron y vieron programas/videos para saber como ser una mejor mamá.

Si pasaron a nuestro lado por las noches para cerciorarse de que estábamos bien tapados y durmiendo tranquilos.

Si lucharon por nosotros para conseguir el permiso para la actividad a la que deseábamos asistir, e incluso, lo hicieron para consiguirnos el dinero para hacerlo.

Si se dieron cuenta cuando llegamos con copas de más o después de haber fumado, incluso cuando lo hacíamos a escondidas en la casa.

Así, pasando desapercibidas es como estas heroínas son parte de nuestras vidas, respetando decisiones, soportando desdenes, aguantando reclamos, conteniendo lágrimas y luchando por el bien de nosotros.

Finalmente, hoy que recuerdo a mi mamá, que extraño su presencia física pero que me siento lleno de ella cuando percibo en mi diario acontecer las cosas que ella me enseñó, me inculcó o me impuso, hoy quiero compartir mis mejores deseos para las mamás en su día.

Mi mejores deseos para que aún les falta camino por recorrer, a las que la ilusión apenas comienza a crecer dentro de sí, a las que llevan adelantado el camino y, a las que como mi propia madre, se han adelantado en el viaje.

Gracias por ser heroínas de nosotros, por haber cumplido su sueño a pesar de que a veces se ha tornado en pesadilla.

Y como siempre, mi mas grande reconocimiento a quienes con valor, lucharon por vestir en este traje de heroínas cuando la naturaleza se los negó, a las que adoptaron y adquirieronuna responsabilidad que no les tocaba. Y es que ellas llevan doble incertidumbre, deben luchar contra sus propios defectos y hacerse cargo de una naturaleza desconocida.

Gracias a todas, gracias por ser nuestras heroínas, gracias por hacer su labor callada con las mejores intenciones y a pesar de sus defectos. Por favor cuídenos, aquí en la tierra o desde el lugar donde se encuentren, disculpen por que a veces seamos ingratos, irrespetuosos y hasta tontos, tal vez, cuando nos toque estar en su papel de madre o siendo podres, un día las entenderemos mejor.

¡Feliz día de las Madres!

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