Pocas veces somos conscientes de la importancia que tienen nuestros sentidos para percibir y conocer nuestro entorno. Así, por ejemplo, si nos centramos en nuestra capacidad para escuchar los sonidos ambientales podemos mantener nuestro equilibrio, estar alertas, ubicarnos y comunicarnos.


No obstante, de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, en México, hay 4.2 millones de habitantes con problemas auditivos, de los cuales el 52% son hombres y 48% mujeres.


Sin importar las causas de esta condición, ya sean congénitas, hereditarias o genéticas; por enfermedad o envejecimiento; o por prolongada exposición al ruido; lo cierto es que quienes la presentan tienen que superar barreras para poder interactuar con otros, sin discriminación, cuando no cuentan con los medios idóneos para ello.


Lamentablemente, esta discapacidad, como cualquier otra, genera estereotipos y prejuicios, e impide el pleno goce de las libertades de quienes la tienen; así como, su inclusión y participación con igualdad.


El colectivo femenino que padece sordera es víctima, cuando menos, de una doble exclusión, por su género y por esta circunstancia; pero se puede volver múltiple si sumamos otras características como la edad, la etnia, la situación económica, y otras más; afectando su autonomía.


Siendo las mujeres, históricamente, segregadas, la información es clave para mejorar nuestra toma de decisiones; para favorecer nuestro empoderamiento; para encontrar oportunidades de desarrollo; así como, para potenciar nuestras prerrogativas.


Incluso, esta necesidad informativa puede ser mayor para aquellas que tienen alguna situación de desventaja a vencer. Desafortunadamente, los mecanismos para pedir y consultar documentos públicos han sido concebidos, en su mayoría, sin un diseño universal, lo que merma su aprovechamiento.


Según la Encuesta Nacional sobre Discriminación 2022 del INEGI, el 66.1% de las mexicanas de 12 años y más con discapacidad que, en el último año, preguntó algo al gobierno, sufrió dificultades al hacerlo; entre ellas, que se les negara lo solicitado o que no se les explicara lo proporcionado (31%); el desconocimiento de dónde buscar lo requerido (16.1%); o bien, que la entrega no fuera accesible (5.9%).


No se necesita escuchar para ejercer el derecho a saber. Es posible facilitar su garantía con la asistencia de intérpretes, materiales escritos, amplificadores de sonido, o adaptando equipos con vibración.


En este mes de septiembre que coinciden los días de las Mujeres con Discapacidad, de las Lenguas de Señas, del Acceso Universal a la Información, y de la Traducción, el 12, 23, 28 y 30 respectivamente, recordemos que el Estado mexicano tiene el deber de eliminar obstáculos de marginación y de promover espacios donde quepamos todas las personas.


Solo así, como decía la escritora Helen Keller, respecto de quienes, como ella, no podían ni oír ni ver, alcanzarán sus posibilidades más elevadas luchando contra las limitaciones del mundo.

Fuente:

"No se necesita escuchar para saber", El Heraldo de México, 12 de septiembre de 2023, disponible en: https://heraldodemexico.com.mx/opinion/2023/9/12/no-se-necesita-esc...

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