La noche taciturna me hace esperarte
y a cada hora me recuerda tu presencia,
cuando caminabas a mi lado
cogidos de la mano por las calles.

La oscuridad no me asustaba
al saberte a mi lado y, mi fe
hacia ti, crecía a cada momento
pensando que eras perfecto.

Te hice parte mía, entre risas y besos,
y te miraba como una niña enamorada,
sin pensar el corto tiempo que nos quedaba
para decirnos ¡ADIOS!.

¿Dime por qué el silencio?
¿Dime por qué tu olvido?

Quiero abandonar ésta soledad,
que hoy me invade, por la necesidad
de tenerte presente, oír tu voz
y dormir en tu regazo.

Me reflejo en tu ser
para no morir en el silencio,
procurando no alejar tu imagen
que sigue presente en mi.

Me reflejo en tu sonrisa, tus palabras,
tu mirada y, cada gesto que me hacías
cuando te enfadabas por mi comportamiento,
que agredían sin querer, tu forma de ver la vida.

¿Cuánto tiempo más tendré que soportar
esta lejanía que me ahoga?
¿Cuánto tiempo amor?

Me reflejo en tu ser para no hundirme
en lo que fuimos, a pesar del corto tiempo
que nos concedió el destino, para hacerme comprender
que el amor existe y que solo se siente una vez.


MARÍA VICTORIA CAMPOS PÉREZ.

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