La voz de los invisibles: los derechos de los animales en un mundo indiferente

En un mundo en el que cada día se escucha el grito “Justicia” con más frecuencia, la protección y defensa de los animales se suma a esta exigencia.

En un mundo en el que la indiferencia y los likes se están convirtiendo en una constante, los animales y su realidad son invisibilizados y -literalmente- silenciados y exterminados. No se pueden defender y son víctimas del desinterés e indolencia de millones de personas que los consideran objetos y mercancías, no seres sintientes.

Desde el abandono y el abuso doméstico hasta la explotación industrial y el tráfico ilegal, la realidad cotidiana nos dice que el maltrato animal se ha universalizado. Ellos no tienen voz y necesitan la voz y la defensa de quienes sí pueden hacerlo por ellos.

El maltrato animal tiene muchas caras y se vive en la casa de al lado, en el país vecino, en el planeta entero. En el ámbito doméstico, millones de animales sufren abuso y negligencia, privados de las necesidades básicas de afecto, alimentación y cuidados elementales.

A nivel industrial las cifras son desoladoras. ​​De los más de 70 mil millones de animales de granja que se crían anualmente, 50 mil millones de ellos pasan sus vidas en granjas industriales, que más que granjas deberían llamarse antesalas del infierno y son una de las principales fuentes de sufrimiento animal que existen. Su objetivo es aumentar la producción con costos mínimos y a costa del bienestar de los animales (vacas,cerdos, aves, etcétera).

El tráfico ilegal de especies mueve entre 8 mil y 20 mil millones de euros al año. De acuerdo con National Geographic:

  • Alrededor de 100 tigres, 20.000 elefantes y más de 1.000 rinocerontes son asesinados cada año para traficar con sus huesos, piel, colmillos y cuernos.
  • Cada año se comercializan de forma ilegal 1,5 millones de aves vivas.

El tráfico de especies no solo cobra vidas animales,  en los últimos 10 años, casi 1.000 guardabosques han sido asesinados defendiendo elefantes, rinocerontes y otras especies contra los cazadores furtivos.

La industria de la belleza y la moda es también una de las causantes del abuso y la violencia animal.  Cada año se crían y matan más de 75 millones de animales para la moda.

Una idea de las cifras:

  • Para fabricar un abrigo de piel se matan: 12-15 linces, 10-15 lobos o coyotes, 15-20 zorros, 60-80 visones, 27-30 mapaches, 10-12 castores o 60-100 chinchillas.
  • En la industria peletera se mata a los animales a los 7-10 meses de vida. Pero no en el caso de las hembras, que se quedan entre 4 y 5 años en las jaulas, siendo forzadas a tener más crías cada año. De cada camada sobreviven 3 o 4 crías. Los machos se sacrifican cerca de los 7 meses de vida.

Por cuestión de espacio no me extenderé para hablar de las condiciones en las que viven y en cómo se obtienen sus pieles (a muchos los despellejan estando vivos) y ni hablar de las pruebas en los cosméticos. ¿De veras es necesario seguir torturando animales para probar un rimel que se ha probado desde hace décadas?

Hablemos de la industria farmacéutica. Más de 115 millones de animales son torturados anualmente a nombre de la ciencia y la salud. Esta cifra sólo considera a los vertebrados. Amparados legalmente, los laboratorios les hacen inhalar gases tóxicos, se les aplica sustancias corrosivas en la piel y en los ojos y hasta se les infecta con virus, por mencionar algunas cosas.

A nombre de la “cultura, el arte y la tradición” se cría y tortura  a los animales para diversión humana. En esta lista encontramos desde las peleas de perros y gallos hasta las corridas de toros y “tradiciones” como el toro embolado, toros en llamas, decapitación de gansos, jugar a matar codornices o la cacería en todas sus facetas, tirar cabras desde lo alto de un edificio, matar gatos a palos, “jugar” a matar un burro, matar delfines para demostrar que los jóvenes ya son hombres… y podría seguir con la lista de “tradiciones artísticas y culturales”.  Poco se habla del abuso hacia los equinos y la zoofilia. Pocos países se libran de la lista de abusadores.  Por cierto, México ocupa uno de los primeros lugares en el mundo en materia de maltrato animal.

El maltrato, crueldad  y abuso animal es un problema no sólo ético sino social, además del costo medioambiental que representa. Desde 1970, las poblaciones de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios han disminuido un 68% en promedio de acuerdo con el WWF. Si a esto sumamos la estrecha relación entre la violencia hacia los animales y la violencia doméstica y de género, el escenario resulta cada día más preocupante.

El sufrimiento animal es una realidad y es lamentable que la ley en la mayor parte de los países proteja a quienes les explotan y que se cuestione su capacidad para sentir e inclusive pensar. Por ello se ha abierto un debate en muchos países conocido como Ley Sintientes.  ¿Qué dice de una sociedad que no considera a los animales como seres que sienten? Esto habla de los humanos, no de ellos.

Hacen falta muchos cambios a nivel educativo, social, cultural, político y legal. Cuando un niño es capaz de ahorcar a un perro o meter a un gato al microondas y la familia observa esto como una curiosidad y no hay consecuencias, estamos hablando de una sociedad en la que la violencia está tan normalizada que ni siquiera se ve. Cuando tener a un perro encerrado en un patio o en la azotea es visto como normal, la empatía brilla por su ausencia. Cuando un símbolo de status en una sociedad es tener leones y tigres como mascotas en el patio trasero o como juguetes para tomarse fotos, algo en los valores no está bien. Cuando nadar con delfines es parte de la diversión y el entretenimiento vacacional, el abuso se ha normalizado y forma parte de la cultura.

Es mucho lo que podemos hacer como ciudadanos y habitantes de este planeta, pero lo primero es tomar conciencia de esta realidad. El trato que damos a los animales, la manera en que consumimos y el respeto que les tenemos hablan mucho de nuestros valores no sólo como personas sino como sociedades y como países.

La defensa de los animales y la lucha contra el maltrato animal es una prueba de nuestra humanidad. Es un reflejo de nuestra capacidad para empatizar con seres que, aunque no pueden hablar ni tienen voz -humana-  sienten y sufren como nosotros. Al levantar nuestra voz en su defensa, no sólo estamos protegiendo a los animales; estamos preservando la integridad moral de nuestra sociedad y demostrando que merecemos ser llamados humanos.

El respeto a los animales, eso sí, debería ser Patrimonio Cultural de la Humanidad.

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