A medida que transcurren los meses, hay momentos en que me detengo a pensar en los cambios radicales que nuestras dinámicas han tenido, desde el año pasado hasta hoy, con la aparición del COVID-19, sin saber qué pasará con esta enfermedad o si aparecerán otras.

A nivel mundial hemos enfrentado una crisis sanitaria, económica y social que ha afectado a todos los sectores poblacionales. Los jóvenes, considerados por la ONU entre 15 a 24 años, también padecen sus consecuencias, no solamente en la disminución de su salud física con el reciente aumento de contagios, sino también mental; además y, sobre todo, en la dificultad de tener alternativas factibles educativas, laborales y de crecimiento.

El Foro Económico Mundial, en su Informe de Riesgos Globales 2021, habla de una futura “generación perdida” que pondrá a prueba la cohesión social. Si bien el espacio digital ha abierto opciones para la juventud, gran parte de ella está experimentando un contexto financiero desfavorable, con degradación ambiental, mayor grado de desigualdad y brechas tecnológicas.

Antes de la pandemia, según el Informe “Tendencias mundiales del empleo juvenil 2020” de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de los 1,273 millones de jóvenes en el mundo en 2019: 429 millones (33.6%) tenían un empleo; 509 millones (39.9%) se dedicaban sólo a ir a la escuela; y 267 millones (20.9%) no trabajaba, ni recibía formación profesional.

De acuerdo con datos a agosto de 2020 de la misma OIT, el impacto del COVID-19 en la juventud ha sido sistemático, profundo y desproporcionado. El 73% de quienes estaban estudiando sufrieron el cierre de sus centros de aprendizaje, y el 13% (uno de cada ocho jóvenes) ya no continuó su educación por no poder transitar al esquema digital y a distancia.

Adicionalmente, uno de cada seis jóvenes (17%) que trabajaban antes de esta situación sanitaria dejaron de hacerlo; así como dos de cada cinco (42%) que siguió laborando vieron reducidos sus ingresos. Las chicas y chicos que viven en países con mayor marginación económica han sido los más perjudicados, en particular, las mujeres jóvenes muestran mayores pérdidas.

Estando cerca el Día Mundial de las Habilidades de la Juventud (15 de julio), que en este 2021 aborda su resiliencia y creatividad durante la presente crisis de salud, nos lleva a reflexionar sobre las competencias y destrezas que necesitan desdoblar para adaptarse a las condiciones actuales y futuras.

Al respecto, el McKinsey Global Institute en su estudio “The future of work after COVID-19” de 2021, refiere que este padecimiento incrementó tres tendencias en el mundo del trabajo que persistirán al superarlo: i) las modalidades híbridas de trabajo que combinan la forma a distancia y presencial; ii) el comercio electrónico; y iii) la automatización e Inteligencia Artificial en la producción, almacenaje, atención al cliente, entre otros.

Según este estudio, los servicios de transporte para entregar artículos; los relativos al cuidado de la salud, dado el incremento de población adulta mayor; y los trabajos en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por el aumento en el uso de herramientas digitales, serán los empleos que tendrán mayor penetración.

El cambio de la demanda laboral para la siguiente década obliga a los trabajadores a contar con habilidades cognitivas básicas (alfabetización, aritmética, comunicación); así como con otras de tipo tecnológico (conocimientos informáticos, investigación y desarrollo científico, diseño y mantenimiento de tecnología, análisis de datos); y de carácter social y emocional (empatía, liderazgo, negociación, iniciativa para emprender, adaptabilidad y educación continua).

Albert Einstein sostenía que debe evitarse hablar a los jóvenes del “éxito” como si fuera el principal objetivo de la vida; sino inculcarles que la razón más importante para trabajar está en el propio placer de hacerlo, en su resultado y en conocer el valor que este último tiene para la comunidad.

No podemos permitirnos perder la fuerza de nuestra juventud en tiempos de crisis, pues es clave para el desarrollo. Por el contrario, tenemos que acudir a su rescate para que logren adaptarse y reinventarse a los nuevos escenarios mundiales, para que aprovechen sus talentos y potencien sus habilidades, ofreciéndoles oportunidades viables educativas y profesionales.

Fuente:

"Al rescate de nuestra juventud en tiempos de crisis", Columna Brújula de Ideas, Voces México, 13 de julio de 2021, disponible en: https://vocesmexico.com/opinion/al-rescate-de-nuestra-juventud-en-t...


YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=fEe4ns9cr04&ab_channel=VocesM%C...

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