Este primero de julio, México vivió una jornada electoral histórica. Ha sido una elección en donde la ciudadanía salió a votar  y por primera vez en muchos años, estamos ante un panorama de participación política de las mujeres muy diferente. En estas elecciones, partidos y coaliciones postularon 40 mil 143  candidatas mujeres a gubernaturas, diputaciones locales y ayuntamientos, ocupando también el 50.4 por ciento del total de las candidaturas locales. Total que con ya casi la gran mayoría de los votos computados, hemos logrado la paridad en el Senado, con 51% de mujeres y un 49% de hombres, pero también en el Congreso se ha logrado un avance significativo, logrando un 49.2% de mujeres y un 50.8% de  hombres, esto es un hecho histórico.

Claro, no han faltado las voces (masculinas, la mayoría) que en esta costumbre patriarcal de invisibilizar los logros de las mujeres y menospreciar las alianzas feministas, han comenzado a decir cosas como que “ojalá hagan bien su trabajo”, las mujeres electas sean “serias y profesionales” y la mayoría se ha ido por el tema de “no importa que sean hombres o mujeres, que hagan bien su trabajo”  e incluso está quienes sin tener idea de lo que hablan, dicen a manera de reproche “no es justo que por ser mujeres les den una curul, eso no es igualdad” … bueno, he de confesar que he tenido que respirar muy profundo al darme cuenta que la gran mayoría de la gente, desconoce lo  que hay detrás de este logro en las elecciones.

Miren, les cuento que no fue hasta el 17 de octubre de 1953 cuando apareció en el Diario Oficial de la Federación un decreto en el que se anunciaba que las mujeres tendrían derecho a votar y ser votadas para puestos de elección popular. Este decreto fue el producto de una larga lucha de mujeres y grupos feministas que no pararon hasta conseguir que se las mujeres dejáramos de ser las “hijas de”, “esposas de”, “hermanas de” y  el Estado nos considerara personas autónomas y ciudadanas y fue justo un 3 de julio de 1955 cuando ese decreto se materializó cuando por primera vez una mexicana pudo votar. 63 años después estamos siendo testigos y testigas de una conformación paritaria en ambas cámaras. Ahora, tendremos que seguir trabajando para construir una agenda con visión de género que impulse los grandes cambios que aún tenemos pendientes en materia de igualdad.

La paridad no ha sido una concesión ni un capricho, es un derecho. Está sustentada en el andamiaje jurídico internacional, principalmente en  la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), ratificada por el Estado Mexicano en  1981,  y que en sus recomendaciones 23 y 25 señala que los  Estados parte deberían idear y ejecutar las medidas temporales especiales para garantizar la igualdad de representación de las mujeres en todas las esferas de la vida política y pública, naciendo así las llamadas “cuotas de género” las cuales son consideradas acciones afirmativas por lo cual, en ningún momento, se consideraron discriminatorias. Para el caso de México específicamente, la CEDAW en su periodo número 52, en respuesta a los informes 7º y 8º  recomendó asegurarse que los partidos políticos cumplieran con los marcos jurídicos electorales, derogando las disposiciones discriminatorias contra las mujeres y estableciera sanciones en caso de incumplimiento de las cuotas de género, eliminara cualquier obstáculo para la participación de las mujeres y en particular, de las mujeres indígenas en la vida política en cualquiera de sus niveles y que se asegurara del cumplimiento de asignar el 2% de los fondos públicos recaudados a la promoción del liderazgo político de las mujeres.  

Y bueno, el camino no fue sencillo, muchas, muchísimas mujeres unieron esfuerzos, crearon estrategias, tejieron redes sororales, exigieron el cumplimento de las recomendaciones y resistieron  hasta llegar a la fecha que estamos viviendo. Sin duda, este es un primer paso, ya logramos la paridad, ahora tendremos que seguir trabajando pactos sororales que permitan avanzar todas juntas. Sin duda, no necesitamos esas voces machistas que insisten en invisibilizar los logros y que siguen viendo a las mujeres como personas no autónomas. Yo he decidido aplaudir lo que construimos y aquí estoy yo, con muchas otras feministas más, dispuestas a acompañar a las mujeres que han sido electas, para juntas seguir construyendo lo que un día nos dijeron que era una utopía.

 

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