Éramos miles de mujeres gritando juntas que estamos hartas. Hartas de que no respeten nuestros cuerpos, nuestras ideas, nuestros derechos, nuestras vidas.

Voces de mujeres resonando mil veces en las gargantas de las otras. Un nosotras que no cesaba de caminar, de gritar, de bailar. Marea violeta que reclamó lo esencial: RESPETO.

Porque nacer mujer en México te traza una especie de destino que te cosifica, que te invisibliza, que te menosprecia y que pone en duda todo lo que emana de ti. Por eso, pienso que ser mujer  en México requiere, además de  ser valiente, trabajar en equipo con otras mujeres  y estudiar todo el tiempo, para construir espacios en que podamos ser, decir y vivir como queremos, sin que nadie piense que somos unas exageradas o que  “nos estamos saliendo del huacal”.

La realidad es que no podemos caminar tranquilas por las calles, que tenemos que “seleccionar bien” la ropa para que nadie “nos meta la mano”. La realidad es que en el ámbito laboral no ganamos lo que nos corresponde. La realidad es que todos los días hay cientos de niñas, adolescentes abusadas y mujeres asesinadas.

¡Basta de acoso! ¡Basta de la violencia contra las mujeres y las niñas! Exigimos vivir en paz y que se respeten nuestras vidas.

Sigamos uniendo nuestras voces en todas partes, todo el tiempo. Para construir junt@s el mundo que queremos. El mundo que nos merecemos. 

 

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