Desde inicios del siglo pasado comenzó una de las revoluciones sociales silenciosas más importantes de la historia: la lucha por la igualdad y equidad entre mujeres y hombres.

Pizan, Pankhurst, Bilcescu, Beauvoir, entre otras luchadoras incansables, podrían estar orgullosas de las brechas que se han reducido a lo largo del tiempo, sobre todo en el reconocimiento jurídico, educación, participación política e inclusión laboral de las mujeres.

Sin embargo, en la sociedad actual conviven viejas discriminaciones con nuevos desafíos en una realidad cada vez más cambiante que necesita de diagnósticos más certeros y una planeación más allá del discurso feminista.

Por ello, lograr la igualdad y equidad en todos los ámbitos fue y continúa siendo uno de los mayores retos de nuestro tiempo tanto en México, como el mundo.

Ante esta realidad me gustaría compartirles (en las próximas tres entradas) algunos datos y estudios sobre la desigualdad entre mujeres y hombres, pero sobre todo mostrar la importancia de lo que los especialistas llaman como gender mainstreaming o bien, transversalización de género y en la cual, desde el gobierno hasta nosotras y nosotros mismos en nuestras relaciones del día a día, tenemos una gran responsabilidad.

No obstante, en el caso del Estado y las instituciones de poder, más allá de integrar dicha perspectiva en el discurso político, deben generar acciones afirmativas que no solo beneficien a las mujeres, sino a cada integrante de la sociedad.

Al respecto, por ejemplo, María Arnholm, ministro de equidad de género de Suecia —uno de los países con los índices más altos en la materia— escribió que dicha perspectiva debe de ser parte integral del trabajo diario de quienes están involucrados en la toma de decisiones y que en el fondo, no solo es una cuestión de opinión, sino de conocimiento.

Y argumenta:

“Para lograr una sociedad más justa debemos de comprender cómo es que cierta organización afecta no solo a los hombres o a mujeres, sino de qué manera afecta a toda la población”.

El primer paso es reconocer que algo estamos haciendo mal, ¿por qué si las mujeres mexicanas tienen mayores tasas de graduación universitaria ocupan menos puestos directivos o ganan menos que algunos hombres? o bien, ¿por qué si una de cada cinco empresas son lideradas por mujeres, más de 80% son micro o pequeñas empresas?


 


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