Otra cita para recordar sucedió en un restaurant, lugar público al cual llegue sola (¡ven como todo es experiencia!), el sujeto llegó tarde, cosa no imperdonable, posible y hasta tolerable, pero bueno. Pidió un agua de limón y yo algo igual, nunca ofreció ver el menú o tuvo alguna atención, su conversación o debiera decir el monologó giro acerca de lo locas que estaban las mujeres con quienes había andado, su primera esposa y una chilena o argentina, todas tuvieron la desventura de tener una relación emocional con él. Su vida era un problema y tenía la firme idea de ser un incomprendido, creo sumarme a esa idea. No recuerdo ya más, porque he tratado de no llenar mi mente de datos que no fortalecen a mi inteligencia o provocan algún beneficio y solo la llenan de desagradables e inútiles detalles. Pero salí convencida de no ser una más de las “locas” que tratara con él y satisfecha de haber tomado mi coche para ir, saliendo a la hora, en un record para mi paciencia y tolerancia.

Otro conocido, me llamo describiendo que llevaba un traje obscuro y ante mi gusto por ese tipo de trajes le sugerí pudiera darse una vuelta a mi oficina. ¡Jaja! cuando se presentó resulta que su llamado traje obscuro, era de mucho menos calidad de aquellos considerados y conocidos por mí, ni que decir de la percha. Una amiga me comento como mi papá (de 85 años) se veía más joven. Este fue un caso realmente patético. Primero me dio un nombre y dijo ser doctor de un centro médico, pero también como una conocida en internet no había querido seguir viéndolo porque al buscarlo en google no correspondía con él y había una persona diferente. Pues claro, esto crea desconfianza, pero yo no fui a la red, sino hablé al hospital y sorpresa: ¡no había nadie con ese nombre! De la cita, debo decir que como no hubo ese click, decidí ir a una cafetería rápida para agradecer la visita y otro desconcierto, él imagino para no pagar el estacionamiento de MI coche, me ofreció a bajarse ¡mientras yo daba vueltas a la manzana! Quizás debo ser grata y agradecer que su presencia fue por ello más breve, pero ¿se les ha ocurrido alguna mejor forma de ahuyentar a la gente que esa? Nunca volví a tomarle una llamada y aunque en conversación no fue malo, mi entusiasmo no era tal para volverlo a ver, jamás.

No todo es malo y es evidente, como algunas de estas experiencias tienen que ver con mi percepción del otro, recuerdo otro señor que pasó a mi oficina para invitarme a comer. Allí también el choque, yo estoy acostumbrada a un nivel económico más alto y si bien esta persona me comentó de los estudios de doctorado en el extranjero de su dos hijos, cosa que yo he impulsado a mis todavía jóvenes hijos, el hecho del logro de sus hijos en ese “mi ideal” y formación profesional, no es necesariamente su logro. Lo cierto es como un logro implican la confluencia de factores externos y muchos sin relación directa o indirecta con el progenitor. En fin, paso por mí en un coche que me hizo recordar mi juventud y con ello una divergencia socio-económica (pues ese tipo de coches lo tuve hace 20 años), pero además aunque él me llevaba 10 años, su estado de salud era por mucho divergente al mío en por lo menos 20 años. El pobre hombre había padecido serios ataques al corazón, vivía con su hermana que lo cuidaba y su hija vivía al pendiente de él; muy loable todo, pero evidentemente una barrera difícil de brincar. Por otra parte, su conversación era ya tan limitada, como el tiempo de vida ante mis ojos que yo le veía y no quería convertirme en una especie de viuda/madre/hija, con suegra, cuñada, etc. No estoy ya para vivir cuidando a alguien que no me dio lo mejor de sí, claro es una forma egoísta de pensar, pues seguramente este señor tenía muchas cosas maravillosas en su futuro, pero como pareja su tiempo había concluido hacia mucho, convirtiéndose en una carga o quizás debo decir un tipo de niño del cual cuidar. Comí con él sintiéndome culpable de su caballerosidad y dándome cuenta que teníamos tanta compatibilidad como el agua y el aceite como pareja, viendo como en forma por demás tierna él tomaba mi mano para besarla y ver -gracias a Dios- como dejaba, sin considerar la galantería y caballerosidad, que yo tomara un taxi para ir a otro lugar.

También tuve una experiencia con un educado, profesionista y en otro tiempo exitoso hombre, quien claro, ya no tenía un peso y solo había conservado la pretensión de quien tuvo, pero sin ningún elemento para sustentarlo, he incluso propuso que yo dejara de trabajar (¡pero cómo?). El caso es que aun confesándose ante mí y exponiendo su falta de sensibilidad y contacto con sus hijos y exesposa, abriendo (lo cual agradezco) su corazón y su vida, algo paso y no se dio aquello que creo requiere una relación amorosa y la comunicación se cerró. ¡Qué difícil es encontrar hombre cuando tienes estudios de especialidad, maestría, doctorado y un buen trabajo! y ¡creo que peor cuando no lo tienes!

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