Cantidad de veces nos cuestionamos el por qué nos sucede tal o cuál situación, nos sentimos abatidos porque no concebimos la idea de que algo “diferente” nos ocurra, en el sentido de que esa “diferencia” nos haga llegar a un ilógico razonamiento de por qué nos está pasando ese algo. Un “algo” que nunca ideamos o supusimos que nos pudiera ocurrir, porque nunca nos creemos parte de ese pequeño porcentaje que rompe los esquemas.

Pero mirando de otra manera, empecé a creer que marcar esa diferencia no nos ha de hacer sentir menos fuertes o más vulnerables, sino únicos, determinados por una situación que sale de lo común y con el peculiar sentido de pertenecer a ese pequeño porcentaje que marca la diferencia.

Visto así, los días en que nos sintamos abatidos porque ya no entendemos el sentido de estar en continua lucha, pensemos que sólo los guerreros marcados por una herida profunda, llevarán a lo largo de toda su vida una capa diferente a su propia piel, y esa capa es la de la tenacidad y la persistencia.

Una dermis que no cubre la parte humana sino la materia invisible que nos olvidamos de curtir, quizá porque esa materia no necesita más destreza ni menos imperfección que la ya adquirida al olvidarla para luego querer probarla y poseerla…

Casi de manera invisible llegamos a la vida, porque todo lo que constituye la materia humana lejos de ser materia carnal es materia espiritual. Pocos entienden o se disponen a aceptar que la lucha por lograr la Igualdad no es un recurso a obtener sino un espacio por recorrer.

Las diferencias las trazamos nosotros, la idea de género parte del ojo acusador de quienes sólo ven esa materia de carne y piel, mientras que todo aquello que en realidad somos es lo único y lo poco que unos pocos estamos dispuestos a observar.

Nos miramos en el espejo y vemos nuestro propio reflejo, pero supongo que ninguno o muy pocos de vosotros habréis aceptado la idea de mirar lo que la retina refleja en el reflejo que devuelve al mirar, muy pocos os habréis percatado que hasta lo invisible es perceptible.

Así postramos el descanso de esa mirada cuando nos disponemos a conciliar el sueño, y es en ese momento exacto donde la parte más material del ser cuerpo se libera en su ser inerte.

Mientras dormimos morimos, sí, perece la parte exenta de verdadera esencia y por fin puede liberarse la verdadera talla humana, esa que nunca vemos, esa que marca la diferencia entre ser iguales o diferentes y esa que sólo ella nos ve.

Pero como en todo, existe el miedo a percatarse de lo que hace incrédulo al entendimiento razonable, todo aquello que no está homologado y pertenece a una rueda legal, lo observamos como corrupción absoluta de materia reservada.

Pensad y razonad bien, si aquellas disciplinas e interjecciones que son patentes legales actúan en veracidad del honor que en un supuesto representa, y quizás entonces os percatéis que la mayor parte de las substancias que sanarían nuestra incapacidad de ser iguales son substancias bajo la sombra de una sospecha por su reacción adversa y confusa de ser ilegales por ser perjudiciales.

Unos gramos de nada pueden suponer y sanar un todo, desmarcar el marco invisible de las diferencias entre personas de un lugar y personas del no lugar porque en esa diferencia es donde se marcan los círculos sociales de quienes pertenecen a una clase social u otra.

Nos negamos o nos imponemos a nosotros mismos el probar substancias “prohibidas”, descubiertas y analizadas pero por supuesto bajo una lúgubre capa de la confidencialidad y/o el salvoconducto de ser dañino.

Pues no entiendo ¿qué más daño  puede existir que el impuesto por un estado sostenido por la corrupción política y ministerial?  Que quizás y seguramente los efectos beneficiosos de esa parte esencial y funcional que debería ser más liberada y expuesta al ser humano que desterrada y prohibida.

Es lo de siempre. Vivimos con el miedo a infringir alguna norma o ley y en realidad lo que estamos haciendo es privarnos de un verdadero estado de felicidad no dañina y sí evolutiva.

Mientras no estemos dispuestos a probar y perdurar en esos gramos de materia reservada, no avistaremos la visualización global de lo que en realidad somos y lo que en un génesis es nuestra partícula auténtica, la más pura y nunca corrompida definición humana en estado invisible pero a su vez otorgado en ese fiel reflejo de la mirada que proyecta su misma esencia.

La próxima vez  que os arriesguéis a observar esa parte no material que impacta sobre el cristal de un nítido espejo, deberíais otorgar el beneficio de la duda y probar de la ilegalizada esencia.

Todo surge desde lo que no habita en el ser, pues el alma escapa de la prisión de nuestra materia humana, esa que se ve sometida a la presión externa de los recursos destructores de la Igualdad, y en lugar de homologar sus entrañas han de erradicar su existencia. Pero a mí nadie me lo va a impedir probar, si mi cuerpo existe que también sea así mi alma y sus 21 gramos de curso legal.

Laura Díaz

Link a enlace https://caunomasmaltrato.wordpress.com/2013/01/26/21-gramos-de-curs...

*Imagen de archivo

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