Publicado por primera vez el 02 de Octubre de 2013

Sí. Soy una mujer de muchos rostros. Yo soy esa mujer que ves afuera de una escuela, con libros bajo el brazo, o con infantes de la mano. La que cobra las bebidas que diariamente consumes en la tienda de la esquina; la que viaja al lado tuyo en el transporte colectivo, y la que cruza por tu camino en la calle donde transitas a la hora de la comida. Soy la mujer a la que estigmatizan con la mirada e insultan con las palabras; la misma mujer que acarició tus cabellos cuando tuviste fiebre, y la que en tu adolescencia te ofreció su mano como maestra o como amiga...

 

Todas ellas, cada una de ellas, soy yo... o puedo ser yo. Soy esa mujer de la que te enteras en las noticias que hace tres semanas no aparece, y la misma por la que todas las personas preguntan hace tantos años... aquella que se perdió en un paraje, o la que vieron por última vez al salir del trabajo, la misma por la que su madre pregunta a gritos silenciosos… Soy la mujer que apareció sin vida en medio de miradas indiferentes, acostumbradas a similares hallazgos, teniendo como única vestimenta golpes, lesiones y todo tipo de maltratos. Desde luego, también soy la mujer que diariamente cubre su rostro con maquillaje y sonrisas forzadas, para ocultar los rastros de la violencia familiar y social de la que es objeto… soy la mujer que camina a paso presuroso ante la mirada lasciva de quienes se encuentra en su camino, sin importar la hora a la que transite, mucho menos la ropa que vista. Soy la mujer que quedó viuda sin saberlo, la madre que perdió un hijo sin entenderlo… soy la mujer que amó al hombre equivocado, y que con ello definió una sendero profuso en desvelos, pólvora, vicios y desalientos…

 

Momento a momento, yo soy todas esas mujeres. En cada respiración cada una de ellas me habita, me cuestiona y me inspira. En mis quehaceres diarios, ellas me acompañan, en un pensamiento, con un silencio… Y una a una, sin excepción, me demanda tenerla presente, mantener intacto su recuerdo ya olvidado o a punto de olvidarse. Hay tardes en que me visitan las abuelas relegadas en un asilo, o quizá ignoradas en una esquina; y mañanas en que sonríen conmigo las niñas cuyas sonrisas fueron secuestradas al robarles la inocencia…

 

Por ellas, por ti, por mí, sugiero una convocatoria: juntemos las voces de quienes podemos hablar sin ser calladas por los golpes; juntemos las manos de quienes podemos usarlas sin verlas mutiladas; juntemos el esfuerzo de quienes podemos hacerlo, hagámoslo por esas mujeres que somos todas… que podemos ser cualquiera de nosotras.

 

Infórmate y ayuda a informar; acércate a organizaciones civiles y ayuda a quien necesite acercarse; denuncia, y ayuda a denunciar. Entre todas podemos y debemos hacer la diferencia: México requiere con urgencia de nuestra participación activa… nuestra niñez merece la construcción de una realidad mejor que la que, hoy por hoy, le estamos ofreciendo.

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