Si alguien nos hubiera dicho entonces lo que habríamos de pasar y lo que hoy sabemos; jamás lo habríamos creído... Estoy segura de que nos habríamos reído en su cara a carcajadas veinteañeras. De esas que rebosan impudicia, desparpajo, ilusión, esperanza. Porque aunque estábamos esperando bebés por vez primera - o quizá precisamente por eso - sentíamos que nada malo podía siquiera tocarnos. Nos veíamos semanalmente para hacer ejercicios prenatales y  con ese pretexto nos burlábamos de nosotras, de todas las demás, de mis piernas flacas, del "otcho"de Elena y con destreza tejíamos sin darnos cuenta pedacitos luminosos de la red sorora que albergaría esta amistad que ya cumplió los primeros 25 años. En estos años en que hemos atravesado juntas ocho maternidades, un divorcio, muchos periodos de escasez, varios cambios de trabajo, muchas  enfermedades propias y de los nuestros, tres orfandades, confesiones por volúmenes, miles y millones de lágrimas, cientos de litros de cafecitos, miles de aH * per cápita y por sesión, nuestra red no ha hecho más que fortalecerse y volverse simultánea o casuísticamente refugio, escudo, remanso y bungee. 

¿Cómo se capotea o se brinca ésto que nos está tocando vivir? Estos tiempos revueltos y alarmantes del COVID nos impidieron correr a abrazarnos desde que empezó este doloroso cisma que estás enfrentando comadre adorada. Estamos desorientadas, lampareadas, queriendo resolver lo irresoluble, queriendo sustituír con palabras en el WhatsApp la imposibilidad de abrazarte sin pausa, buscando iluminar con dulces y galletitas una obscuridad amarga e insondable. Porque en la larguísima lista de temas que hemos diseccionado a través del tiempo nunca tuvimos éste en el radar. Y aunque la muerte se acercó a nosotras desde muy temprano en nuestro caminar juntas, ésta muerte, la del papá de tu hija y de tu hijo, nos sacó el aire de un golpe certero. ¿De aquí para dónde? ¿Quién, cómo, cuándo? 

Sé que nada más que la fé y el tiempo podrán darle algo de sentido a la muerte prematura del hombre que te regaló a las dos personas que más amas en la vida y con el que hiciste una familia casi ideal. Ese hombre con el que decidiste quedarte a surfear la cotidianeidad y la escasez de maravillas a cambio de que la estabilidad y la certeza forjaran a una mujer y a un hombre con raíces profundas pero con alas grandes y corazones íntegros.

Se fue dejando un montón de pendientes. Nunca pensaron que después de entrar al hospital no volverían a verse mas. Ahora el alma de tu familia está amarrada a tu nombre y a su recuerdo. Te toca reincorporarte a la vida ataviada con nuevas cicatrices y con nombre nuevo. Nosotras, las de siempre aquí estamos. Yo lo sé y tu lo sabes. De ésta también te vas a levantar.

Este tramo del tejido nos está costando un poco más. Nos tiemblan un poco las manos y una que otra lágrima no nos deja enfocar, pero retomaremos el hilo. Un día volveremos a reírnos hasta que el estómago nos duela y podremos mecernos dulcemente en esta nuestra red-hamaca-paracaídas.

*aH es la unidad para cuantificar la risa. 1aH equivale a 1 segundo de risa "explosiva"

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