Mayor (des) esperanza de vida: ¿Cantidad o calidad de años?

La seguridad social, como señala la OIT, garantiza el acceso a la asistencia médica y a un ingreso


El 11 de julio será el Día Mundial de Población, y considerando los efectos que ha tenido la pandemia en ella, traigo a colación algunas reflexiones sobre las tendencias demográficas y sus implicaciones.


De acuerdo con la ONU, la población mundial alcanzó los 7,000 millones en 2011, y se proyecta que llegará a 8,500 millones para 2030; 9,700 millones en 2050; y 10,900 millones en 2100.


La esperanza de vida ha aumentado y las tasas de natalidad han descendido, lo que refleja un incremento de la población adulta mayor. Según el Informe Perspectivas de la Población Mundial 2019 de la ONU, en 2018, por primera vez quienes tenían 65 años o más superaron en número a los menores de 5 años; y se espera que para 2050, una de cada 6 personas tenga esa edad.


En el caso de México, de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, el porcentaje de personas de 0 a 17 años disminuyó de 35.4% en 2010 a 30.4%; mientras que el porcentaje de aquellas de 60 años y más se elevó de 9.1% en 2010 a 12%.


El hecho de vivir más años impacta en las políticas de seguridad social, ahorro, salud y empleo. En el Presupuesto de Egresos de la Federación 2021, de $6,295,736.2 millones de pesos aprobados para gasto neto, 20% ($1,263,033.6 millones) se destinan a protección social y 10.5% ($664,659.6 millones) a salud.


La seguridad social, como señala la OIT, garantiza a las personas, el acceso a la asistencia médica y a un ingreso, particularmente para la vejez, desempleo, enfermedad, invalidez, accidentes de trabajo, maternidad o pérdida del sostén de familia.


Este derecho humano asegura a las y los trabajadores, el pago de una pensión al final de su vida productiva, que sea suficiente para vivir dignamente en su retiro, cubrir sus necesidades básicas y tener servicios de salud.


Las pensiones pueden ser contributivas cuando las personas aportan, parcial o totalmente, recursos para pagarlas, como sucede en el IMSS, ISSSTE o ISSSFAM. También las hay no contributivas cuando se cubren, en su totalidad, con recursos públicos, como ocurre con el INSABI.


De acuerdo con el CONEVAL, en 2018, el 30.9% de la población mexicana de 65 años (3.2 millones) recibía ingresos por pensiones contributivas; el 43.2% (4.5 millones) por no contributivas; y el 30.4% (3.2 millones) de ningún tipo. El 18.4% de quienes recibía un pago contributivo y el 50.7% de no contributivo sufría pobreza, cifra mayor al 47.6% en esta situación sin pensión.


Nelson Mandela decía que privar a las personas de sus derechos humanos era poner en tela de juicio su propia humanidad. Una mayor esperanza de vida no debería causar desesperanza; el reto como gobiernos y personas está en lograr condiciones para vivir con calidad.


Fuente:
"Mayor (des) esperanza de vida: ¿Cantidad o calidad de años?", Columna Invitada, El Heraldo de México, 09 de julio de 2021, disponible en: https://heraldodemexico.com.mx/opinion/2021/6/22/balance-electoral-...

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