¿Conoces mujeres que nunca tienen tiempo? Seguro que sí y puedo apostarte que son la mayoría.

Las mujeres hemos crecido con una creencia limitante que nos afecta directamente y le afecta a la sociedad entera: creemos que el tiempo no nos pertenece y es derecho de las personas que le rodean decidir que hacer con él.

Los datos que existen -y los que no- sobre el uso del tiempo son centrales para las políticas de desarrollo y para su instrumentación. El gran reto es que no se tienen datos homogéneos ni existe conciencia en todos los países sobre la relevancia de ellos. Como bien sabemos, lo que no se mide no se puede transformar.

La relevancia de estos datos es que nos dan un panorama claro de cuánto tiempo dedican las personas al trabajo remunerado, al trabajo no remunerado (cuidado de hijas e hijos, labores del hogar, cuidado de personas mayores, mascotas, trabajo voluntario, etcétera) y al autocuidado. El Banco Mundial reconoce que el bienestar individual depende no sólo del nivel de consumo de las personas o de su nivel de ingreso, sino de cómo se ocupa el tiempo. En otras palabras, saber esto posibilita tomar decisiones que favorezcan el bienestar de las personas. No tomar decisiones sobre ello mantiene el status quo y la desigualdad estructural que se refleja en la falta de tiempo de las mujeres para desarrollar actividades que faciliten su bienestar y empoderamiento.

Por ello, cuando vemos mujeres ocupadas sin parar todo el día es muy probable que estemos viendo frente a nosotras como se construye minuto a minuto la desigualdad porque no necesariamente están desarrollando actividades que les beneficien a ellas y que sean parte de ese trabajo no remunerado que le permite a la sociedad funcionar y que invisibiliza a las mujeres. Por ello es que la Meta 5 de las ODS busca que las mujeres y niñas dediquen menos tiempo al trabajo no remunerado para poder fortalecer su autonomía y desarrollarse. Se calcula que a nivel global las mujeres dedican 2.5 veces más tiempo al trabajo no remunerado que los hombres. (Por cierto, 135 países del mundo no tienen indicadores al respecto.)

Esto, además, tiene un efecto directo en el mercado laboral y en la participación de las mujeres en el mismo.

¿Cómo va este tema en México? De acuerdo con la Encuesta Nacional Sobre el Uso del Tiempo (ENUT) 2019 del INEGI el tiempo total de trabajo de la población de 12 años y más en el país en una semana es de 5 661 millones de horas a la semana, de las cuales el 49.4% corresponden al trabajo no remunerado, 47.9% es de trabajo para el mercado y el 2.8% a la producción de bienes para uso exclusivo del hogar.  En otras palabras: 5 de cada 10 horas trabajadas contribuyen a la economía del país sin que haya pago o remuneración alguna por ello.

¿Cómo se ve reflejado esto por sexos? Para las mujeres el 30.9% corresponde al trabajo para el mercado, 66.6% para el trabajo no remunerado de los hogares y 2.5% a la producción de bienes para uso exclusivo del hogar. Para los hombres, 68.9% del tiempo está dedicado al trabajo remunerado, el 27.9% al no remunerado del hogar y 3.1% para bienes de uso exclusivo del hogar.

Esto nos dice con claridad que la mayor parte de las horas no remuneradas que contribuyen a la economía del país son trabajadas por mujeres.

Cuando a estos se suma el hecho de que la sociedad espera que las mujeres dediquen tiempo a todo el mundo menos a ellas mismas se está desarrollando una narrativa excluyente para las mujeres en las que el tema de fondo es que se asume que no tienen derecho al bienestar. Si no tienen derecho a su propio tiempo, el bienestar sale sobrando.

Esta realidad se replica en la mayoría de los hogares e inclusive en muchas empresas y oficinas en las que hay políticas de igualdad que permiten a las empresas y a los gobiernos ponerse estrellitas en la frente pero que en los hechos continúan agudizando la desigualdad al no reconocer el uso del tiempo diferenciado y sus implicaciones. ¿Conocen casos de empresas  y oficinas en las que siempre son las mujeres las voluntarias de las actividades “no relevantes” como organizar los festejos o hacerse cargo de las políticas de igualdad junto a su trabajo de tiempo completo sin recibir un pago extra? ¿O de empresas en las que cuando las mujeres tienen que ir a las reuniones de la escuela de las y los hijos  hay silencios lapidarios y cuando un hombre lo hace le aplauden por ser buen padre y un gran ejemplo? En las casas se espera que las hijas cuiden a los padres y que los hijos sólo los vayan a visitar o que la hija más chica se haga cargo de ellos y les dedique todo su tiempo.

No es extraño que el recurso no renovable más importante que tenemos las personas sea el tiempo y que las mujeres se sientan culpables por hacer “cosas para ellas” o por no dedicarle tiempo a las demás personas.

Lo más revolucionario que puede hacer una mujer es hacerse dueña de su tiempo y defenderlo como es: un recurso valiososimo, que no se puede recuperar ni renovar  y como un derecho. Aprender a optimizarlo es el primer paso hacia su empoderamiento. Ni más ni menos.

Publicado originalmente en Animal Político el 9 de mayo del 2022

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