La aparente gratuidad de la red a cambio de nuestros datos

Cada vez que usamos las redes sociales, navegamos por internet, enviamos un mensaje por alguna plataforma o compramos en línea, dejamos rastro de nuestra identidad.


Las compañías digitales, a cambio de brindarnos sus servicios, recolectan nuestro nombre, correo electrónico, edad, imágenes, y hasta detalles de nuestros contactos.


Un estudio de 2021 de la empresa de desarrollo de software de ciberseguridad Clario revela que Facebook es la compañía que más datos personales que compartimos recaba (79.49 por ciento); seguida de Instagram (69.23 por ciento); de las apps de citas Tinder (61.54 por ciento) y Grindr (58.97 por ciento); y Uber (56.41 por ciento).


Las empresas digitales tratan grandes volúmenes y variedades de nuestra información, extrayendo su valor mediante tecnologías, algoritmos o sistemas analíticos, lo que se denomina big data; con el fin de perfilarnos, de conocer nuestros intereses, de anticipar conductas, y ofrecernos productos personalizados.


Los datos masivos son fuente de innovación y poseen un gran valor económico; pues más allá de revelar los hábitos de consumo, tienen aplicación en otros ámbitos, como la seguridad, la investigación científica o la salud.


Según cifras de la firma en tecnología International Data Corporation (IDC), la inversión en el mercado de big data y analytics en México creció más de 7.5 por ciento, entre 2019 y 2021, al pasar de mil 700 a mil 800 millones de dólares.


No obstante, estas tecnologías conllevan riesgos a nuestra privacidad. Su capacidad predictiva puede reflejar sesgos y discriminación; y no siempre pueden informar a las personas qué datos se recogen, cómo se almacenan, o bien, qué tipo de decisiones se adoptan con su procesamiento.


En este contexto, las regulaciones sobre protección de datos personales tienen grandes desafíos. Una referencia global es el Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea, que ha elevado la exigencia en el otorgamiento del consentimiento y en la trazabilidad en el ciclo de vida del dato; que ha incluido a la privacidad desde el diseño y por defecto; y que ha reforzado las sanciones por incumplir los principios en la materia.


Hay una sonada idea de @andlewis, un usuario de Twitter, que dice: “si no estás pagando por algo, entonces no eres el cliente, sino el producto que está siendo vendido”. “Navegar” en la red es aparentemente gratuito, pues en realidad tiene como moneda de cambio nuestros datos personales, cuyo valor es muy alto.


En el mes del Día Mundial de Internet —17 de mayo—, podemos afirmar que las nuevas formas tecnológicas como el big data llegaron para quedarse. Tenemos que ser conscientes de sus ventajas, pero también de sus debilidades, fijando límites para cuidar nuestra privacidad.


Fuente:

"La aparente gratuidad de la red a cambio de nuestros datos", columna invitada, El Heraldo de México, 24 de mayo de 2022, disponible en:https://heraldodemexico.com.mx/opinion/2022/5/24/la-aparente-gratui...

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