En nuestro país, las diferencias económicas y sociales que tienen las y los mexicanos, exponen realidades desiguales que repercuten en nuestra niñez.

El cine ha retratado, con diversos lentes, la condición de marginación que enfrentan los menores de edad, así se muestra, por ejemplo, en “The kid” de Charles Chaplin, “Los Olvidados” de Buñuel o en “Slumdog millionaire” de Danny Boyle.

La infancia se vive según la situación en la que toca nacer. Aquellas chicas y chicos que son parte de familias con preparación profesional e ingresos suficientes para gozar de una calidad de vida razonable pueden divertirse y pensar qué quieren ser cuando sean grandes. En contraste, para muchos otros que provienen de entornos de pobreza, que ni siquiera tienen cubiertas sus necesidades básicas, jugar no es su prioridad, y mucho menos tienen espacio para preguntarse qué harán cuando crezcan; pues se ven obligados a trabajar para sobrevivir, sufriendo cargas excesivas de labores que no corresponden a su edad, que incluso ponen en riesgo su salud, vida e integridad.

El trabajo infantil, para la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se caracteriza por tratarse de actividades que privan a las y los niños de su infancia, de su potencial y dignidad, que les impiden asistir a la escuela o que provocan su deserción, lo que resulta perjudicial para su desarrollo físico y psicológico.

De acuerdo con las estimaciones globales de la OIT sobre dicha problemática, en 2016, laboraban 152 millones de niñas y niños en el mundo, de los cuales 73 millones realizaban trabajos peligrosos. Del total señalado, el 48% tenía entre 5 y 11 años, el 28% contaba con 12 a 14 años, y el 24% eran jóvenes de 15 a 17 años.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportó que, en 2017, el 11% de la población infantil y juvenil en México (3.2 millones de los 29.3 millones que eran en ese momento) trabajaba. El 7.1%, equivalente a 2.1 millones de niños, niñas y adolescentes, se dedicó a actividades económicas no permitidas.

En los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) adoptados en 2015, en la meta 8.7, se estableció el compromiso de eliminar el trabajo infantil para 2025. Estamos a cinco años de que se cumpla el plazo y se vislumbra difícil alcanzar dicho fin.

Este 12 de junio, con motivo del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, en este contexto de crisis económica que tendremos que sortear, seamos sensibles a los daños que genera esta inhumana práctica, la cual debe erradicarse.

La niñez es una etapa mágica, cuyas experiencias transcurridas en la misma, nos van definiendo como personas, y por eso, debe vivirse plenamente para impulsar nuestro desarrollo.

Como sociedad, nos corresponde cuidar a nuestras pequeñas y pequeños, pues como decía John Kennedy “los niños son el recurso más importante del mundo y la mejor esperanza para el futuro”.

Trabajemos en consecuencia para que niñas y niños puedan ejercer su derecho a disfrutar su infancia; para que puedan jugar, imaginar, aprender y estudiar; para que puedan soñar sin límites; para que tengan la información y orientación que requieren para decidir en quién quieren convertirse, y de este modo, construir con libertad su destino.

Comisionada Ciudadana del Instituto de Transparencia de la Ciudad de México (INFO)

Twitter: @navysanmartin

Fuente:

El derecho a disfrutar la infancia, Columna Brújula de Ideas, Periódico 24 Horas, 09 de junio de 2020 en: https://www.24-horas.mx/2020/06/09/el-derecho-a-disfrutar-la-infancia/

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