Dificultad de la mujer maltratada para revelar su victimización

En teoría puede parecer que es relativamente fácil identificar los malos tratos, en la práctica no lo es tanto. Muchas mujeres maltratadas no tienen conciencia de su victimización, tal y como se observa en la encuesta de población realizada en España –más de un millón de mujeres víctimas de violencia doméstica no se consideraban como tal, a pesar de haber sufrido agresiones (insultos o amenazas, empujones o golpes, comportamientos de dominación y control,…) y, en otros casos, no desean revelar que son víctimas de maltrato.


En este sentido, existe una tendencia a que las mujeres maltratadas no informen acerca de su victimización (Goldberg y Tomlanovich, 1984; Stark y Flitcraft, 1988).


Razones por las que un elevado porcentaje de mujeres maltratadas oculta o tienden a ocultar su victimización (Amor, 2000):


Diferentes miedos de la mujer maltratada

  • A la venganza por parte del maltratador (penurias económicas, aumento de la gravedad del maltrato, etc.).
  • Al estigma que conlleva ser considerada “víctima” de maltrato doméstico.
  • A ser culpada por su victimización.
  • A sufrir consecuencias psicológicas por la revelación (por ejemplo, depresión o ansiedad debido al recuerdo del maltrato).

Historia negativa a partir de revelaciones previas

  • La absolución del agresor en algún juicio.
  • El incremento de los malos tratos o el riesgo de ser asesinada por el maltratador.
Información negativa acerca de la revelación
  • Casos de violencia muy grave que aparecen en los medios de comunicación.
  • Victimización secundaria, falta de apoyo institucional, etc.
Dificultades para recordar aspectos relacionados con su victimización
  • Amnesia psicógena.
  • Estados disociativos.
  • Creencias o sentimientos de la mujer
  • Sentimientos de culpa o de vergüenza (la mujer puede sentirse provocadora del maltrato, hablar del maltrato sexual no resulta nada fácil, etc.).
  • Creencias culturales distorsionadas (por ejemplo, "el verdadero maltrato es el físico", "el maltratador con el tiempo se calmará", etc.)
Aislamiento en el que se encuentra la víctima
  • Físico
  • Psicológico
  • Familiar
  • Social
Todos estos aspectos llevan a gran parte de las mujeres maltratadas a minimizar, ocultar o incluso a negar el maltrato del que son (o han sido) objeto. Habitualmente tardan mucho tiempo, (la media está entre 5 y 10 años), en revelar lo que ocurre y en acudir en busca de ayuda, porque con anterioridad -y como es lógico- la mujer suele intentar resolver el problema mediante respuestas individuales. En cambio, cuando se sienten incapaces de resolver la situación por sí mismas, suelen recurrir a familiares (suyos o de su pareja), amigos, vecinos..., o a instituciones que les pueden dar apoyo y ayuda legal, terapéutica, etc.

Otro aspecto de interés es que las mujeres maltratadas recuerdan con precisión el primer episodio de maltrato físico, pero no el inicio del maltrato psíquico, ya que su comienzo es más sutil, imperceptible y se hace más difícil el poder situarlo en el tiempo. Obviamente, cuando existen amenazas claras de muerte, penurias económicas, chantajes, vejaciones, etc., la percepción de peligrosidad que la mujer tiene es mayor. Asimismo, el estado psicológico generado en las víctimas derivado del maltrato –baja autoestima, sintomatología depresiva, aislamiento social, etc.- facilita un grado de confusión en cuanto a su victimización.

Finalmente, algunos estereotipos sociales contribuyen a que las víctimas oculten su victimización. Por ejemplo, la consideración de que “la violencia familiar atañe al ámbito de lo privado” es uno de los que más cuesta desterrar de nuestra sociedad. También existen expresiones (refranes, dichos populares, chistes, etc.) que de algún modo justifican o minimizan la violencia contra las mujeres. Como aspecto positivo cabe señalar que cada vez hay un mayor rechazo social de los comportamientos violentos, y de que no se puede utilizar el concepto de intimidad -zona espiritual íntima y reservada de una persona o de un grupo, especialmente de una familia- para justificar los comportamientos vejatorios del individuo agresor puertas adentro. Dicho de otra forma, una cosa es la intimidad entre los miembros de una familia, y otra muy distinta la violencia doméstica.


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