La frase de Agnes Macphail, primera congresista electa para integrar la Cámara de los Comunes de Canadá, “yo quiero para mí, lo que quiero para otras mujeres: igualdad absoluta”, enmarca la exigencia que todas nosotras tenemos, y por la que aún luchamos, de gozar plenamente de este derecho como nuestros pares masculinos.


Los resultados del Informe Global de Brecha de Género 2022, del Foro Económico Mundial, dejan claro que seguimos lejos de alcanzar el ejercicio efectivo de esta prerrogativa; pues se estima que tardaremos 132 años en eliminar las desigualdades entre hombres y mujeres.


Si bien este mismo reporte registra que en México la brecha de género se ha reducido en un 76.4%, las asimetrías y formas de discriminación se mantienen, y muchas de manera disfrazada o sutil.


Fue la reforma al artículo 4º de la Constitución mexicana, aprobada el 14 de noviembre de 1974, un parteaguas para el reconocimiento normativo de nuestra igualdad. Pero más allá de que se sentaran las bases jurídicas para garantizarnos esta prerrogativa, aún no hemos logrado transformar paradigmas, ni construir entornos propicios que aseguren su práctica en los hechos.


Las inequidades para las mexicanas siguen manifestándose en las esferas de participación política, económica y social; así como, en las posibilidades educativas, de empleo y de emprendimiento.


Un estudio del IMCO, de marzo de 2022, que mide el involucramiento femenino en el mercado laboral en México, muestra que solo 4 de cada 10 de nosotras estamos integradas a éste, a diferencia de la presencia de 7 de cada 10 hombres. Adicionalmente, dicho centro de investigación identifica que recibimos menos ingreso mensual, en promedio $7,827.31 pesos en contraste con $9,053.15 pesos que ellos perciben, es decir, una diferencia del 15.6%.


En el ámbito educativo, de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, el 5.5% de la población femenina de 15 años y más no sabía leer ni escribir, porcentaje más alto al 3.9% de los hombres que eran analfabetas.


En los últimos años, se observan importantes avances hacia una igualdad sustantiva, siendo una mejora emblemática las medidas implementadas tras las reformas político-electorales en materia de paridad, que han facilitado que un mayor número de mujeres acceda a puestos de representación y de toma de decisión.


Según indicadores del INMUJERES, a septiembre de 2022, los efectos de este cambio se observan en la integración femenina y masculina, con mayor equilibrio, en el Congreso de la Unión; sin embargo, la disparidad continua en otros espacios de poder.


A 48 años del reconocimiento legal del derecho a la igualdad entre mujeres y hombres, sigue siendo una asignatura pendiente traducir en la realidad su protección normativa.


Aunque siempre lo ha sido, hoy, más que nunca, es el tiempo de nosotras, y es la oportunidad de la sociedad de entender que, con nuestra plena inclusión, el desarrollo podrá ser integral al no dejar de lado a la mitad de su potencial.


Fuente:

"De la igualdad de las mujeres legal a la real", La Silla Rota, 17 de noviembre de 2022, disponible en: https://lasillarota.com/opinion/columnas/2022/11/17/de-la-igualdad-...

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