En este último año he aprendido a vivir cada día al máximo con la alegría de saber que todo lo que vives va llenando tu alma, que no hay tiempo perdido, ni decisiones mal tomadas, que todo lo que vamos aprendiendo nutre nuestra forma de ser.  He aprendido que no hay que suponer nunca, juzgar, mal interpretar, tomarte las cosas tan en serio. La vida es una, un día... unas horas o varios años. Es un abrir y cerrar de ojos. Nadie sabe si mañana estará vivo, si te voy a volver a ver, si te quiero decir “te quiero", "te extraño", o "te quiero dar un beso"; o si te quiero abrazar con todas mis fuerzas, o verte solamente a los ojos y que sobren las palabras.

 

He aprendido a levantarme sola después de una caída, a cumplir mis metas, a saber que lo que me propongo lo cumplo y que la constancia y la disciplina te hacen llegar a lugares que nunca imaginé.

 

Aprendí también a reír más, a ser más feliz, a pensar en mí. Aprendí a quererme más, a enfrentar mis miedos y a perseguir mis sueños. A vivir la vida porque cada día es un comienzo, porque ésta es la hora y el mejor momento.   

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