Reflexiones sobre mi último fracaso: el síndrome del impostor y cómo salí adelante

“Ale, vas a recibir una llamada de Londres para entrevistarte y ver si asistes con un grupo selecto de facilitadores para tomar un curso de liderazgo en Londres. Si te aceptan, debes volar al programa de una semana y después pasar a la siguiente ronda. Es un proceso sumamente exigente”.

Lo primero que pensé fue qué emoción. Una oportunidad de ir a Londres con grandes facilitadores a tomar un curso de liderazgo.

Recuerdo que al colgar la llamada no entendí muy bien de qué había tratado y pensé: "bueno pues ni modo, seguro no me escogerán pero al menos pensaron en mí". Mi primer signo de que el síndrome del impostor estaba al acecho. Unas horas después de haber sentido que era muy bueno para ser verdad, me hablaron para decirme que estaba aceptada para tomar el curso.

Si con la llamada me había dado emoción, con esta noticia aún más. Sólo teníamos dos semanas para prepararme, había que leer dos libros, ver dos vídeos, escuchar tres podcasts y leer tres artículos. Todo esto, más las actividades normales de mi día normal como consultora y mi decisión de empezar un startup de comida saludable (esa es otra historia que luego les contaré).

Recuerdo que al llegar ahí, estaba entre un cúmulo de emociones y un poco intimidada, por un grupo de 24 facilitadores de varios países y la mayoría con un acento de inglés británico.

El síndrome del impostor jugó sucio

¿Qué hacía yo ahí? Bueno lo que importaba es que nadie te quita lo aprendido y lo viajado y el reto aunque grande, pues seguro algo bueno tenía que salir.

El problema fue conforme avanzaron los días, la cantidad de información recibida, los días empezaban a las 8 am y terminaban a las 9 pm con dinámicas durante la comida y la cena. No parábamos y había ratos que sentía que el cerebro me iba a explotar y todo en otro idioma.

En la recta final, empecé a sentir que no estaba entregando el 100%, y supongo que se me notaba porque me estaba esforzando mucho y parecía que era demasiado. Así pues, al final de la semana recibí una no tan buena retroalimentación de mi actuación que me hizo tambalear.

Si bien al inicio de mi carrera como facilitadora había cometido algunos errores que me hicieron dudar si este era mi camino, gracias a que no abandoné y seguí adelante con mi carrera como consultora en liderazgo, fue prosperando y cada año mejorando.

Pero ya que tenía 8 años de experiencia como consultor y que me dieran retroalimentación que mi actuación no era del todo lo que esperaban, pueden imaginar cómo me sentí. Me fui haciendo pequeñita, empecé a permitir que el síndrome del impostor se apoderara de mí por completo.

Cómo se me había ocurrido siquiera pensar que estaba a la altura de todos estos facilitadores internacionales. Mi mundo se iba destrozando en pedacitos de ego lastimado, autoestima debilitada y dignidad atropellada. No sabía dónde meter mi cabeza y era un cúmulo de emociones que no podía controlar. Quería salir corriendo y huir para regresar a mi lugar seguro, con mi gente y con terreno en donde sabía cómo pisar. Sí, mi zona de confort y lo conocido.

El regreso, la sensación de fracaso y el encierro

Dos días después de regresar del viaje recibí un correo en el que oficialmente me dijeron que no había sido seleccionada para la siguiente ronda. Si bien mis capacidades de facilitar eran buenas, no habían sentido que había podido absorber las herramientas como ellos esperaban. Volví a sentir un terrible dolor y me sentía decepcionada y apenada con todo el proceso.

¡Qué momento tan incómodo! Sentía que era como en el concurso de X FACTOR UK y le decía Simon Cowell al participante: "si bien tienes talento, creo que no estás listo así que ve toma unas clases, mejora y regresa en un par de años".

Obvio, no quería salir en una larga temporada de mi cueva y que nadie me preguntara cómo me había ido en Londres. Sólo recordar el momento, volvían a surgir los diferentes sentimientos que se apoderaron de mi, y la palabra en mayúsculas FRACASASTE en algo que se supone, sabes hacer. Pero, ¿qué es el fracaso en la vida?

Aprende y reinvéntate

¡ALTO AHÍ! No se vale ser la víctima de la historia ni dejar de creer en uno mismo, jamás. Busqué a quién más confianza le tenía y que me iban a contagiar de su sabiduría: mi familia, amigos y a mi mentor y coach.

En ese momento, con más claridad volví a recordar que soy humana por lo tanto, no soy perfecta; que me puedo equivocar y que tengo que aprender de los errores para el futuro. Huir y creer que no tenemos valor, es lo fácil y lo cómodo así, todo mundo te apapacha pero no sales del hoyo.

Sin embargo, buscar las causas del “fracaso”, encontrar la lección, el aprendizaje y las acciones a seguir para poder salir adelante es lo que importa. El ego hay que guardarlo en un cajón donde no estorbe y no impida que veas con claridad. La palabra fracaso usada por muchos para decir que el que no ha pasado por uno, seguro no es exitoso, tiene mucho sentido.

Hasta los más exitosos tienen recaídas: ejemplos de “fracasos”

En eso me empiezan a llegar por arte de magia correos con este tema: “Bouncing Back from rejection” de Adam Grant o uno de Brendon Buchard el mismo día que decía: “Rejected? So was I” y así otros tantos en Instagram que ya no guardé por sanidad.

Oímos del fracaso de Steve Jobs y cómo se convirtió en un hombre de negocios exitoso. Qué me dicen de JK Rowling con el éxito de sus libros de Harry Potter y que ahora es millonaria después de no tener en donde dormir.

¿Cómo salir adelante luego de un “fracaso”?

Pues qué creen, agárrense que ahí les voy, porque nada más que termine de sacudirme un poco la vergüenza y los recuerdos, (ya a todo pasado, me la paso diciendo, claro debí haber hecho esto o lo otro), agarramos con fuerza la lección y nos ponemos a trabajar para lo que sigue.

El universo no me tenía destinado este proceso, es seguramente porque algo más está esperando a la vuelta de la esquina y en esta ocasión, con mayor claridad, preparación y humildad, estamos esperando para retomar con más fuerza este desliz y no volver a dejar que el síndrome del impostor toque mi puerta.

Las carreras profesionales no son siempre ascendentes. Por el contrario, necesitamos sacudones que nos detengan, nos hagan pensar y tomar impulso para llegar más alto. A veces nos equivocamos, fallamos y lejos de sentir que fracasamos, debemos aprender de los mismos. La mente puede ser un gran obstáculo y jugarnos en contra, pero refugiarnos en los seres queridos y maestros, es clave para encontrar el modo de salir adelante.

Si has pasado por un fracaso y te has levantado, cuéntame cómo lo hiciste y quién te ayudó.

El contenido original de este artículo se encuentra en https://www.alemarroquin.com/2019/04/26/reflexiones-sobre-mi-ultimo...

Ale Marroquín te lleva a la cima por medio de una transformación personal. Trabaja de la mano de las personas para empoderarlos, para encontrar y reinventar su marca personal a través de su esencia, talento y valores y que puedan conseguir proyectar liderazgo y una presencia ejecutiva de éxito.  www.alemarroquin.com  twitter @a_marroquin linkedin https://www.linkedin.com/in/alemarroquin/

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Comentario

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Comentario de Ale Marroquín el abril 27, 2019 a las 9:01am

Si Gabriela, nos cambia la vida,  no lo vemos venir efectivamente.   Tomarlo con filosofía y paciencia y sobre todo aprender.

Gracias Mujeres Construyendo por permitir compartirlo y que espero a muchas les pueda inspirar mi publicación.

Comentario de GABRIELA OLIVERA FLORES el abril 26, 2019 a las 9:31pm

Me encantó tu frase de : las carreras profesionales no siempre son ascendentes...

En mi caso he comentado que la vida de repente tiene un saque As y yo no lo vi venir. Esa sacudida cambió mi vida.

Felicidades y gracias por compartir.

Comentario de Mujeres Construyendo el abril 26, 2019 a las 1:08pm

Gracias por compartir esta experiencia, Ale. Tu valor es enorme y aprendimos todas contigo.

Un abrazo y eres una gran inspiración para muchas de nosotras.

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