Traigo este tema atorado en la garganta, y en la cabeza, le doy vueltas, busco maneras de hablarlo, pero no hay con quien, me falta mi tribu, pero ese es otro tema.

Vivo con dolor desde hace muchos años, el dolor es generalizado y al menos una vez por año tengo una crisis que me deja sin caminar y sin poder levantarme de la cama por unos días. He buscado respuesta, pero aún no hay diagnóstico para ello.

En agosto de 2023 tuve una crisis, pero fue rara, empezó con una sensación de que las piernas me quemaban, luego calambres, luego la sensación de caminar sobre cristales, dificultad para caminar, dolor en la espalda y después la parálisis. Estuve sin caminar por al menos una semana y cuando fui al hospital en el área de urgencias me dijeron que no tenía nada, me dieron una receta para opioides y relajantes musculares y me mandaron a casa. Opioides…Creo que el médico de urgencias pensó que yo era una adicta. Usé el medicamento para poder salir de la crisis y luego lo dejé.

Regularmente dichas crisis no dejan ninguna secuela, al salir de ellas puedo hacer mi vida de forma natural, con el mismo nivel de dolor de antes, ese que está ahí en el fondo y me permite vivir; pero esta ocasión fue distinta, al salir de la crisis no pude recuperar la movilidad total de mis piernas. No soy atleta, pero trato de hacer ejercicio un par de veces por semana, me encanta cargar pesas y, aunque soy gorda, mantengo buena condición. Desde entonces he sentido las piernas como cuando terminas de ejercitarlas, con temblor al bajar las escaleras, sin poder pararme de puntillas sin apoyo y sin poder ponerme en cuclillas.

Después todo lo demás se vino abajo. Para septiembre me sentía muy agitada al caminar, comenzó a ser más difícil amarrarme las agujetas y tenía migrañas hasta tres veces por semana. En octubre empecé a temblar, me era imposible usar las manos para hacer cosas pequeñas como los llaveros de hama beads que tanto me gustan, ya no pude tejer, no podía cortarme las uñas, sacarme la ceja y, en los peores días, hasta comer era difícil.

En noviembre fue el colmo, mi menstruación duró 15 días y fue entonces que busqué ayuda. Pero vivo en Canadá y el sistema de salud está siempre saturado, tuve que esperar por la atención y cuando la tuve me mandaron a hacer todos los estudios que se les ocurrió.

El 24 de diciembre fui a pasar la navidad con unos amigos, se me ocurrió pararme a bailar y desvelarme, tardé varios días en recuperarme. El 31 de diciembre fui a patinar y, desde entonces, permanecí con ansiedad permanente: el corazón se escapaba un latido, mi cuerpo temblaba y yo solo quería llorar.

A mediados de enero yo no podía más con esa vida y tuve pensamientos oscuros, deseé no existir más. Es difícil pasar por la migración, el miedo y la enfermedad sola. Parte de eso fue motivado por el sentimiento de culpa por no ser capaz de tener un cuerpo con buena movilidad, cada que me agitaba me gritaba desde adentro “¿ves? Por gorda”

Por fortuna mis últimos momentos de fortaleza me fueron suficientes para pedir ayuda, hubo un organismo que estuvo dispuesto a darme la mano y regresamos a lo básico: comer, asearme y descansar. En unas semanas las emociones estaban más controladas y supe que podría salir adelante con mi vida y la de mi hija.

A finales de enero recibí una llamada del doctor que me había atendido, me dijo que en general mis estudios salieron bien, que mis niveles de colesterol estaban ok, que el hígado se veía bien pero que parecía que había un problema con mi tiroides y sospechaba de hipertiroidismo. Me dio cita para otros estudios y luego no volví a escuchar de él.

A finales de febrero me llamaron para darme cita con el endocrinólogo para el 11 de marzo. En la cita me mandó a hacer más estudios y regresé el 13 de marzo para que me confirmara el diagnóstico. Sí es hipertiroidismo. Hablamos de mis síntomas, de qué esperar, de que es de temprana aparición y de todo lo necesario para empezar a entender qué tiene mi cuerpo.

Entre la llamada del médico general y la cita del diagnóstico le conté a algunas personas que era posible que ese fuera el diagnóstico. Recibí comentarios bien variados, incluso algunos que me preguntaban si estaba segura que era hiper y no hipo. Yo misma no lo creía porque no sentía que hubiese perdido peso y todas las personas que he conocido con ese diagnóstico están super delgadas.

Cuando se confirmó bromeé con el hecho de que la única condición médica que me habría hecho bajar de peso no lo hizo, condenada a ser gorda, me burlé. Luego comencé a sacar ropa más fresca ahora que el invierno está terminando y vi que me queda mejor, que incluso ropa que no me quedaba ahora me queda grande, “bueno, estoy enferma pero al menos sí bajé de peso”.

Me parece fuertísimo cómo está marcadísima en mi mente la necesidad de no pesar tanto o de perder peso, incluso cuando he pasado por varias etapas en las que he estado plenamente enamorada de mi cuerpo.

Sé que mi diagnóstico no es grave, que muchas personas viven con esto, que puedo aspirar a una buena calidad de vida, que todo esto que pienso y cuento podría no ser tan serio, pero es algo que ha impactado mucho mi vida.

Espero tener un camino más amoroso de ahora en adelante.

 

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Comentario de Claudia Calvin Venero el marzo 30, 2024 a las 3:05pm

Rossalba querida,qué bueno que regresas a tu Tribu a compartir esto. 

El hecho de que algo que nos sucede "le pase a mucha gente" no implica que debamos minimizarlo o pensar que no deberíamos tener preocupación. Reconocer nuestros temores -naturales cuando uno tiene un diagnóstico médico- y darles su tiempo y espacio es también parte del autocuidado. 

Estoy segura que con los cuidados adecuados y tu compromiso  con ellos -que lo tienes de sobra- vas a estar muy bien. 

¿Has probado el CBD? Es extraordinario para mantener el equilibrio del cuerpo y ayudarle cuando suceden los desequilibrios que causan las enfermedades. Sugiero que busques CBD de cáñamo, sin THC. Pregúntale a tu médico. 

Te dejo un abrazo enorme y con mucho cariño. 

Claudia 

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