No tengo muy claro cuando comencé a llamarme a mí misma “feminista”, pero creo que lo soy desde mucho tiempo antes de entender lo que significaba en teoría y en práctica, esa palabra. Ya con los años, comencé a formarme en estudios de género  y en esas sigo…y uno de los términos que adoro y que para mí ha sido básico, es el tan llevado y traído “EMPODERAMIENTO” …pero, ¿qué es eso?

Para comenzar, hay que tener en cuenta que la palabra empoderamiento viene del inglés empowerment y significa habilitarse, autorizarse, los movimientos feministas la utilizamos para  explicar que quienes están (o han estado) sometidas a diversas formas de opresión requieren poderes (no de esos de los que salen en las películas eh) para hacerle frente y que dichos poderes sean interiorizados y formen parte de su propia subjetividad y de su manera de ser y de existir.

Para mí,  el empoderamiento es ese  proceso a través del cual cada mujer nos habilitamos y nos autorizamos para tener la facultad o el poder de hacer cosas y de vivir valoradas y reconocidas, empezando por supuesto, por nosotras mismas. Es un cambio de mentalidad desde lo interno y que también se dé a la par en la colectividad entre hombres y mujeres y en las prácticas institucionales, sociales, civiles y estatales. Este cambio tiene que ver con la aprobación y el apoyo en el avance legítimo de las mujeres en  aspiraciones al desarrollo, al bienestar, a la participación y al goce de nuestros derechos y libertades.

Hay muchas definiciones, aproximaciones, comentarios y creo que hasta leyendas urbanas sobre el empoderamiento. De entre todas esas definiciones, una de las que más me gusta es esta: “El empoderamiento se refiere a la capacidad que las personas, en situaciones de vulnerabilidad, logran  una transformación con la cual deje de ser objeto de otros y consigue ser la protagonista de su propia historia. Es por medio del cambio de mentalidades colectivas y de la capacidad que las personas pueden lograr al facultarse al ir en busca del cambio”.

Todo eso suena súper bonito, pero no es cosa fácil, mucho menos por el hecho de que las mujeres hemos sido educadas a ser como nos lo han mandado por siglos y siglos, reproduciendo los estereotipos que se nos han impuesto, quedando relegadas al ámbito doméstico y aunque hay avances significativos, muchas veces cuando participamos en el mercado laboral suele ser en  una extensión de las  funciones como ama de casa y cuidadora de la familia, en trabajos relacionados con los Servicios Sociales, la sanidad, educación, etc. Y CUIDADO una se atreva a romper el paradigma y ATREVERSE a ser lo que realmente quiera, porque de inicio será juzgada por la sociedad y en algunos casos, relegada de la participación del círculo en el que se desenvuelve.

Varias autoras y autores, han señalado cuales son las manifestaciones necesarias para el proceso del empoderamiento y entre estas, están:

-Tener acceso a la información y los recursos para tomar una decisión apropiada.

-Tener una gama de opciones de donde escoger.

-Habilidad para ejercer asertividad en toma de decisiones colectivas.

-Tener un pensamiento positivo y la habilidad para hacer cambios.

-Habilidad para aprender y para mejorar su propio poder personal o de grupo.

-Habilidad para cambiar las percepciones por medios democráticos.

-Mejorar la auto imagen y superar la estigmatización.

-Involucrarse en un proceso autoiniciado de crecimiento y cambios continuo sin parar.

Así que como dijo mi querida Simone de Beauvoir, (escritora, profesora y filósofa francesa) en una frase que me ha cambiado la vida y me ha llevado de la mano en este proceso personalísimo del empoderamiento: “Yo no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas.” Y de eso se trata, de vivir este proceso por el cual incrementemos la capacidad moldear nuestras propias vidas, evolucionar en la conciencia de nosotras mismas, nuestro rol social y la eficiencia y nivel de las relaciones interpersonales.

Ojalá en un futuro no muy lejano, podamos ver que a las mujeres y las niñas, en vez de ser educadas para complacer a los y las demás personas que nos rodean, nos reeduquemos en buscar aquello que nos haga feliz a cada una de nosotras, que las niñas crezcan creyendo no en princesas que necesitan un príncipe que las salve, si no que las niñas crezcan sabiendo que ellas, y sólo ellas, pueden salvarse solas al tomar decisiones y así nunca más, ninguna niña y ninguna mujer sea  privada de su derecho a la educación, ninguna vuelva a sufrir de pobreza, discriminación ni  violencia por motivos de género  y que vivan empoderadas para siempre.

 

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