Como ya les he contado en otras ocasiones, tengo la gran fortuna y el gran honor de ser integrante del Consejo Social del Instituto Nacional de las Mujeres, lo cual, hace 11 años para mí, ni siquiera pasaba por mi cabeza, pero haciendo un recuento de cómo llegué hasta aquí, tengo muy claro donde empezó todo. Esto es una cadena de casualidades, causalidades y afortunadas coincidencias.

Cursé toda mi educación básica en colegios católicos, desde kínder hasta secundaria asistí al Sagrado Corazón y la prepa la estudié en el colegio de formación Marista Instituto Potosino-Colegio Champagnat, mi padre y mi madre, progresistas como siempre lo he dicho, nos bautizaron a mis hermanos y a mí, como lo marca la tradición católica y fuimos de esas familias potosinas que acostumbran a ir a misa los domingos. Pero no crean que nos educaron en esa tradición católica de la obediencia y el silencio, mi papá y mi mamá, siempre nos impulsaron a cuestionar todas las reglas, todo lo dicho, mucho más mi mamá, que incontables veces se atrevía a increpar al sacerdote que oficiaba la misa en la Iglesia de San José cuando éste decía alguna barbaridad, generalmente discriminatoria o misógina. La verdad, me daba como penilla, ya saben, una esta morrilla y pues así como que qué oso…¿y ya les dije que soy MUY potosinita verdad? … en fin, para mí nunca ha existido la verdad absoluta y cuando tengo dudas, pregunto, lo cual, me ha traído problemas pero al mismo tiempo, un gran alivio (la mayoría de las veces).  

Justo a finales de Octubre de 2003, recibí una invitación que no tenía idea de cuánto iba a cambiar y redefinir mi vida: mi querido Martín Faz Mora, había pensado en mí, cuando Católicas por el Derecho a Decidir le había preguntado de alguna persona de San Luis Potosí que le interesaran los temas de feminismo, género, igualdad, derechos humanos, diversidad y que fuera católica. Así, acepté irme una semana al DF a vivir esta nueva experiencia de vida. Llegué el día 2 de noviembre por la noche, la verdad, ahora que lo escribo, no tengo idea si me fui en avión o en bus, ni cómo llegué, ni quien me recibió ni nada…sólo recuerdo que mi roomie era una chava de Monterrey que se llamaba Adriana Lims y que tenía cara de ser MUY seria, esa misma noche, después de los típicos silencios incómodos iniciales, bajamos a cenar y conocimos a Laura Adriana Bautista y fue un click inmediato, que, lo que más amo de recordar esto, es que desde ahí,  las tres seguimos siendo las comadres más adoradas y seguimos muy cerquita las unas de las otras, a pesar de las distancias.

Al otro día muy temprano nos trasladamos a Coyoacán, a un lugar HERMOSO, donde por fin, iba yo a saber de qué se trataba toda esa onda de Católicas por el Derecho a Decidir. Recuerdo perfecto que la encargada de darnos la bienvenida, fue mi querida María Consuelo Mejía, quien, con ese don maravilloso que tiene para hablar, nos platicó qué es lo que hacían este tipo de católicas y cuál era su objetivo. Después, nos presentó a María de la Luz Estrada, quien en ese tiempo coordinaba el área de jóvenes y así dio inicio la semana en la que me di cuenta que no era yo una extraña, que estaba bien cuestionarme el papel de la Iglesia, que tenía razón en enojarme porque la Iglesia tenía matices machistas, misóginos, elitistas, discriminatorios y que eso iba en contra con la buena ondita de la que siempre hablaba Jesús.

Al pasar de los días, fui aprendiendo todo eso que traía como conocimiento empírico, ahí si aprendí  la teoría que me hablaba de las discriminaciones de género, me hablaron y me enseñaron la constitución, aprendí política pública, aprendí sexualidad, el cuerpo biológico pero también las construcciones sociales en torno al cuerpo y la sexualidad, ahí, por primera vez supe que yo tenía derechos sexuales y que aparte también, tenía yo derechos reproductivos y ahí, por primera vez entendí, que a pesar de que siempre todo mundo me había dicho que el aborto era un pecado, ahí, entendí lo que era en realidad el aborto, que esos videos que insisten las personas provida en promocionar no son ciertos, que el aborto se ha visto como un problema de moral cuando es un problema de salud pública y sobre todo, que Dios, que mi religión, tiene otra forma de vivirse, una forma incluyente, no discriminatoria y para mí, mucho más real y congruente a lo que se nos enseña en la biblia.

Así, durante esa semana, pasé a ser parte de un grupo maravilloso de hombres y mujeres que integramos la 1ª  generación de la Red Nacional Católica de Jóvenes por el Derecho a Decidir y a partir de ese momento, hasta el día de hoy, vivo en apego a la carta de principios y mi trabajo diario va encaminado a hacerlos valer y a garantizar todos los derechos para todas las personas. En ese Noviembre del 2003, entendí que mis utopías debían ser encaminadas al feminismo y a los Derechos Humanos, así que desde ahí, me he dedicado a estudiar, trabajar e impulsar todos y cada uno de los compromisos que adquirí como parte de esta gran Red por el Derecho a Decidir.

Entonces, imagínense pues, todo el cúmulo de emociones que sentí este jueves pasado (7 de agosto), donde no les puedo explicar lo que significó para mí, gracias a otra de estas maravillosas coincidencias de la vida, poder estar presente en el Museo Memoria y Tolerancia, durante la ceremonia de celebración de los primeros 20 años de Católicas por el Derecho a Decidir en México. Escuchar a una muy emocionada María Consuelo Mejía, con esa pasión que la caracteriza, contarnos como ha sido este camino, poder como siempre, tener el privilegio de escuchar a una muy humana diputada Malú Micher, quien, dicho sea de paso, siempre me sorprende gratamente al demostrar por qué ella es quien dentro de la política de igualdad y respeto de los derechos de las mujeres (es una chida), a una Regina Tamés como moderadora y así, a todas las personas que participaron. Es una verdadera pena que yo tuviera que salir corriendo al aeropuerto, no me quería ir, quería quedarme sentada en el mismo lugar que todas esas mujeres que nos han abierto el camino, que les ha tocado luchar con resistencias, cerca a esas mujeres que tanto admiro…quería quedarme ahí, porque de verdad, sin exagerar, en ese lugar, se respiraba el feminismo.

En fin, 20 años se dice MUY fácil, pero no lo son. A pesar de los 20 años que tanto CDD, como GIRE y cientos personas en otras cientos de organizaciones de la sociedad civil, trabajan a diario, en México, solamente en el DF las mujeres podemos sentirnos ciudadanas con pleno goce de nuestros derechos, al ser el único lugar de toda la República Mexicana, donde cualquiera de nosotras puede decidir practicarse un aborto sin que esto implique una clandestinidad, un riesgo de muerte y un crimen, nos falta TODO por hacer y lo más aterrador, es que con la Constitucionalidad de los Derechos Humanos y los tratados internacionales, grupos de ultraderecha y esos mal llamados “provida”, cada vez encrudecen más su postura en contra de el legítimo ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos tanto de hombres como de mujeres…por cierto ¿porqué la Secretaría de Salud permite el funcionamiento de las Farmacias Guadalajara cuando éstas violentan los derechos de las mujeres al prohibir la venta de la llamada “pastilla del día siguiente” A PESAR de que ésta forma parte del cuadro básico de medicamentos? (tendremos que hacer algo al respecto).

Pero hoy, en estas líneas, sólo quiero agradecer una vez más a Católicas por el Derecho a Decidir porque lo que hizo y sigue haciendo por mi vida, para que yo y otras miles de mujeres en este país podamos ser libres y sujetas de derechos. Gracias porque a diario trabajan y luchan y no se rinden. Gracias…por estos 20 años, muchas gracias.

Pueden visitar su página http://catolicasmexico.org/ns/ y ver las famosísimas Catolicadas (y todos los donativos son bienvenidos)

 

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