En el año 2000, 189 países, se comprometieron a cumplir un conjunto de metas muy específicas  que reflejan las aspiraciones de estas naciones para con sus habitantes.

Prioritariamente, estas metas están encaminadas a erradicar la pobreza extrema y el hambre, mejorar la salud materna e infantil, combatir el VIH/sida, garantizar la sostenibilidad del medioambiente, lograr la enseñanza básica universal y  alcanzar la igualdad de género.

Justamente de estas dos últimas metas mencionadas, para mí, son prioritarias y su cumplimiento sería el motor principal para lograr las otras cuatro metas establecidas.

La igualdad sustantiva entre mujeres y hombres es un derecho humano esencial y como ya lo decía al inicio, es una de las condiciones necesarias para alcanzar uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Esto, así sencillito como se oye, es súper complejo, ya que México se ha comprometido  a garantizar la igualdad de resultados en todas las esferas de la vida, lo cual implica igualdad en todos los ámbitos del trabajo, en la distribución de los recursos, en la representación paritaria en la vida pública y política y si, también implica garantizar la igualdad de resultados en todos los niveles de educación.

De acuerdo con evaluaciones internacionales, por lo general los niños y niñas con madres con mayor nivel escolar, tienden a desempeñarse mejor en la escuela, terminan los ciclos escolares con mayor facilidad, presentan mejores niveles de salud y por lo general, tienden a desempeñarse de manera más eficiente en la vida.

El Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2013-2018, es el primer PND con transversalidad de género en la historia de nuestro país, el cual,  proyecta a hacer de México una sociedad de acceso efectivo a los derechos establecidos en la constitución.

Para ello, pretende lograr que  toda la  política pública, enfoque sus acciones y programas hacia un trato igualitario y digno para todas las personas. En teoría, así es como deberían de ser las cosas. Pero realmente, ¿a qué nos estamos enfrentando?

Uno de los más contundentes obstáculos a las que las mujeres se enfrentan para incorporarse al mercado laboral, es la realización del trabajo no remunerado, si, ese que hacen todas las mujeres diario, en sus hogares y que nadie nota cuando se hace, pero ¡cuidado el día que no se haga!

Pues sí, ese trabajo, impide a muchas mujeres ingresar y permanecer en el empleo en las mismas condiciones que sus pares varones. Otro de los principales impedimentos que tienen las mujeres para potencializar sus capacidades, es la violencia. La Violencia contra las mujeres es una de las violaciones más graves a sus derechos, es además, la principal fuente de innumerables problemas de salud. Tan grave es la situación, que el año pasado, la  Organización Mundial de la Salud, calificó a la violencia hacia las mujeres como una pandemia mundial.

A pesar de que la igualdad de género en la educación ha representado uno de los mayores esfuerzos del Estado Mexicano, aún falta mucho, todavía es muy necesario garantizar la continuidad  de las mujeres en los niveles de educación superior y de posgrados.

A mayor educación, se ha demostrado que las mujeres suelen ser más autónomas y empoderadas, además, es mayor su participación económica, teniendo como resultado la reducción de la brecha salarial respecto a los  hombres.

México ha signado y ratificado varios convenios internacionales, se ha comprometido con el cumplimiento de la Convención sobre la eliminación de todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW), Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Belém do Pará) y Plataforma de Acción de Beijing.

A nivel Nacional tenemos la Ley del Instituto Nacional de las Mujeres, la Ley General de Acceso a las Mujeres a una vida libre de Violencia, la Ley General de Igualdad entre hombres y mujeres, la Ley Federal para prevenir y eliminar la discriminación.

Aparte del Plan Nacional de Desarrollo, tenemos el Programa Nacional para la Igualdad de Oportunidades y No Discriminación Contra las Mujeres, el Programa Nacional de Derechos Humanos y justo en esta semana, estamos estrenando el Programa Nacional para la Igualdad y No Discriminación.

Lo bueno es que, en teoría, México tiene todo para lograr los Objetivos del Milenio, lo malo: depende de mucha voluntad política… ojalá y estos maravillosos escritos no terminen convertidos en letra muerta

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