Desde hace varios años, varios colectivos y asociaciones de mujeres, pero en especial, Marcelina Bautista, fundadora de Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH) y gran impulsora para la constitución del  Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar, han levantado la voz y exigido el reconocimiento de los derechos laborales de aquellas personas, en su mayoría mujeres, que sin duda sostienen muchos de los hogares de este país.  Como ya lo he mencionado en algunos otros espacios,  esto es un tema ya impostergable, se estima que hay aproximadamente 2.4 millones de personas  realizando trabajos del hogar remunerados, de las cuales 9 de cada 10, son mujeres. Sin embargo, a pesar de que la Ley Federal del Trabajo en México ha establecido que las jornadas laborales deben ser de 8 horas, sabemos que ellas, en especial, cumplen con jornadas que suelen sobrepasar la mayoría de las veces, 12 horas.

Durante el sexenio de Peña Nieto, fue imposible la ratificación del Tratado #189 de la Organización Internacional del Trabajo, que es fundamental para la protección de los derechos de los y las trabajadoras del hogar, y de forma curiosa, la Senadora Claudia Ruiz Massieu y el Senador Miguel Ángel Osorio Chong presentaron un punto de acuerdo para iniciar el proceso de su ratificación, compromiso que realizó siendo Secretario de Gobernación, en el mes de abril del año 2014  … ¡dirá que hay más tiempo que vida!  Pero parece que el momento ha llegado, también en el Senado, se presentó al fin, una iniciativa de modificación de la Ley Federal del Trabajo que busca beneficiar a las trabajadoras domésticas y propone la obligación de que exista un contrato entre los/as patrones/as y las personas trabajadoras del hogar.

Esto es un avance enorme, sobre todo, para la eliminación de conductas de explotación, discriminación y abuso que se han dado históricamente en muchos, muchísimos de los hogares mexicanos. Este contrato deberá especificar la duración del mismo, las horas, lugar y naturaleza de la realización de las actividades así como las condiciones relativas a la terminación de la relación laboral. Establece también la prohibición de contratar a menores de 15 años para labores domésticas y en caso de adolescentes mayores de 15 años, quienes contratan, tienen la obligación de no fijar jornadas laborales mayores a 6 horas por día y no contratar a jóvenes que no hayan terminado la secundaria, a menos que el/la patrona en cuestión se haga cargo de la terminación de ese grado.

Se establece también la obligación de que la persona trabajadora deberá estar registrada ante la autoridad laboral competente e incluso indica sobre la alimentación de los/las empleadas que deberá ser de la misma cantidad y calidad que ingieran las personas que les contratan corriendo el gasto a cuenta del patrón/a y NO podrán ser descontado del salario final. De igual manera, la Segunda Sala de Suprema Corte de la Nación, resolvió que a través del amparo directo 9/2018 que es inconstitucional que los y las patronas no tengan la obligación de inscribir a las personas trabajadoras del hogar ante el Instituto Mexicano del Seguro Social, por lo cual, ordenó al IMSS que en un plazo prudente (el primer semestre del 2019) implemente un programa piloto que tenga como finalidad diseñar y ejecutar un régimen especial de seguridad social para las trabajadoras del hogar.

Y lo que durante años permaneció ahí, escondido, en lo privado, Alfonso Cuarón ha contribuido a hacerlo público y visible. Sin duda, cuando tuve la oportunidad de ver la película “Roma” me llevó a miles de recuerdos de Julita y Celsa, las mujeres que fueron pilares fundamentales para mis dos hermanos y para mí, fueron quienes curaron nuestros raspones, nos acompañaban y desbordaban paciencia mientras mi papá y mamá trabajaban fuera del hogar. De Julita lo último que supimos fue que era Enfermera y trabajaba en Tamaulipas, mi mamá le insistía siempre que  siguiera estudiando, terminara la preparatoria e hiciera una carrera. Recuerdo una ocasión en que mi mamá estalló en furia cuando una de mis tías le dijo “comadre, préstame a tu chacha un sábado que no tengo quien me ayude en la casa”, para mi madre, siempre fue inadmisible utilizar algún término despectivo para referirnos a ellas y para mí fue un shock ver como en casa de algunas de mis amigas, cerraban con llave la alacena para que “la muchacha no se robara la comida”. 

No habría manera que mi familia hubiera sido lo que es, que yo fuera lo que soy sin el trabajo de Julita, de Celsa, de Maximina (por ella me aprendí todas las canciones de los Tigres del Norte y los Bukis), de Mary, de Doña Mary, Doña Pety y Marychuy. Pero miren, debemos dejar atrás la demagogia de decirles que “son como de la familia” como refleja la película de Cuarón, la cual, a título personal diré que me parece que romantiza la explotación del trabajo doméstico y lo que se necesita es la urgente aprobación de esta iniciativa, la ratificación del Convenio #189 de la OIT y sobre todo, necesitamos como sociedad dignificar el trabajo de todas las personas.

Me permitiré en esta ocasión la libertad de reconocer, aplaudir y agradecer el trabajo de Ricardo Bucio, quien desde 2010 durante su encomienda ante la CONAPRED puso el tema y la exigencia sobre la mesa, también a las Senadoras Malú Micher y Patricia Mercado, quienes, han hecho honor a su palabra y compromiso de trabajar por los avances de las mujeres y en esta ocasión, han hecho lo propio para cortar de tajo años de discriminación y abuso para cientos de mujeres, pero sobre todo, la valentía, el trabajo y el impulso de Marcelina Bautista y todas aquellas mujeres maravillosas que hoy, ven el fruto de su trabajo. ¡gracias!

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