La dualidad de la denuncia social: #Ayotzinapa y otros

Si le pudiera poner un nombre a mi timeline de Facebook y de Twitter de hoy, se llamaría DOLOR. Normalmente está lleno de noticias, actualizaciones de actividades de amigos, fotos y videos; que si bien no todos son interesantes, me ayudan a estar actualizada y a saber un poco de personas que no frecuento tanto.


Hoy fue diferente. Hoy por más que busqué una buena noticia no la encontré. Los periódicos, las revistas y todas las personas que escribían algo, informaban (a veces desinformaban) o emitían una opinión por el tema de los 43 normalistas que siguen sin aparecer. Mis fuentes de información estaban llenas de odio, de rencor, de violencia, estaban de ánimo de demanda pública y de frustración.

 

Quisiera dejar claro que mi posición ante el caso de Ayotzinapa, desde una perspectiva social, es el mismo que percibí hoy en mis muros de redes sociales. Creo que es un tema que duele a la sociedad, y duele mucho. Lo que me sorprende es la dualidad de la denuncia social. Por un lado, cada vez tenemos más acceso a plataformas que nos sirven para denunciar o para establecer públicamente algún posicionamiento frente a un tema, y cada vez somos más las personas que las utilizamos. Y estas denuncias son una herramienta muy poderosa de denuncia social sin duda. Pero por otro, la denuncia ahí se queda, no hay un eco de ejecución que realmente ayude a disminuir los casos que lamentablemente siguen sucediendo.

 

Leer toda esta indignación generalizada y pública me hizo recordar muchos otros casos que han sucedido en México. Por ejemplo, el caso de la guardería ABC, el de Ernestina Ascensio en la sierra de Zongolica, la masacre de San Fernando, los dos estudiantes del Tecnológico de Monterrey asesinados... y así podría seguir mencionando. Me encantaría saber quién hoy se acuerda de ellos. Todos estos casos y muchísimos otros que me faltó mencionar causaron una indignación brutal al igual que el caso de Ayotzinapa. Pero ¿quién se acuerda de ellos? ¿De qué sirvieron los twits, los posts en Facebook... si después de un tiempo ahí quedan?

 

Y es aquí donde uno encuentra una frustración doble, pues con un post la mayoría de las personas sienten que ya están contribuyendo a que se resuelva o un problema o que no vuelva a suceder. Sinceramente no creo que las cosas dejen de pasar si seguimos con esta actitud. Mientras nosotros no actuemos conforme a derecho, no seamos buenos ciudadanos, no seamos corruptos, y hagamos bien las cosas, no lograremos que este tipo de hechos lamentables no vuelvan a suceder. Si nos limitamos a escribir en Facebook que está mal el Gobierno, o que nos duele mucho lo que está pasando, se va a quedar en lo que es: un simple post.

 

Las cosas cambian cuando nosotros cambiamos, y cuando como sociedad, logramos un cambio colectivo que no permita acciones que violenten a los derechos humanos. Desde donde estemos: si somos funcionarios públicos, académicos, empresarios, activistas sociales, o lo que sea, debemos hacer un cambio colectivo para realmente lograr evitar que se repitan estos casos. Ojalá y no olvidemos a Ayotzinapa... como hemos olvidado tantos casos que nos indignaron de la misma forma. 

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