Debería haber bufanditas para el corazón para cuando le dé frío a ese  músculo que extraña las quimeras y se ilusiona con las palabras.

 

Que vendieran también guantes especiales para las manos que buscan a otras sin éxito,  para cuando mueren de frío y de ganas de sentir un tacto ajeno al propio.

Una cobija gruesa y colorida para quitarle el dolor a la espalda cuando se siente azul y cargada de frío,  que le hiciera olvidar lo extraño que es estar sin un abrazo,  que le hiciera borrar las nostalgias de unos brazos que la rodean. 

Que comercialicen entonces un bozal para acallar las palabras que se le dicen al aire cuando no hay nadie más quien quiera escuchar letras envueltas en papel de fantasía.

Pastillas que curen las nostalgias y llenen de olvidos para andar con la cabeza libre de un nombre a cada minuto del día,  para poder pensar en las cosas cotidianas sin que una historia recurrente cruce por las neuronas a libre albedrío. 

Que vendan pues un reloj que no marque las horas del mundo,  que cuente solo los minutos eternos, que alargue los segundos en el que los cuerpos se hacen presentes tras largos días de ausencias.

Una aplicación que envíe señales de humo cuando las pieles se necesitan sin remedio, para hacerlas presentes, para hacerlas eternas sin tomar en cuenta las obligaciones mundanas.

Que ofrecieran en el mercado una hielera de almas que impida que éstas se expongan a las vicisitudes que hacen del ser humano un ente lleno de necesidades afectivas y esa manía que tienen la gente de andar en duplas.

Twitter: @miss__ovarios
http://mariangel-elovario.blogspot.mx/

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