Nunca hablamos de dinero, para muchos es un tema sucio, casi indecente, pero como les gusta hacerle el amor a sus tarjetas de crédito en días como éste, en el que se tiene la sensación casi infantil de caminar y sentir las monedas revoloteando en los bolsillos para luego beber traguitos de tristeza y vacío, casi desesperanza, cuando vez tu recibo de nómina y lo cotejas lastimeramente con tu libreta de gastos.

Otra vez en números rojos, parece que desde niños, los taches y los dieces siempre en lápiz rojo, con letreros de mal hecho y bien hecho, en color colorao, nunca cambiamos la manera de hacer las cosas, solo el tiempo y los útiles por una prostituida libreta de las cuentas, que al pasar de los años sigue con los mismos apuntes color carmín.

Y es que solo el primer día de la quincena podemos caminar como la gente, con la cabeza en alto y apretando muy fuerte en el pecho la cartera, el primer día de pago nuestros sueños casi tocan el cielo, para pronto aterrizar en el suelo de la realidad, miramos a la gente de frente y nos sentimos casi reyes.

Ya luego vienen los gastos, los recibos y las deudas, aquel tentador suéter del eterno aparador otra vez se relega a la próxima quincena, el electrodoméstico sin reparar puede esperar, el refri vacío implora su ración y el casero muestra sus dientes filosos para tomar una pequeña parte de tu muy muy pequeño sueldo.

Tendemos a arrastrar cual cobijas infantiles deudas interminables, de cosas que hoy ya están viejas o se perdieron en el camino; así, como irónicamente se hace con la vida misma, y que así mismo, tampoco hemos terminado de pagar, la fiesta del hijo, el concierto a mil años luz, el embarrado pantalón que compraste pensando que ibas a enflacar se queda en el closet esperando a una espigada mujer que nunca llegará.

Y todo el tiempo compramos sueños, somos incapaces de revivir los nuestros, importamos de las revistas y la televisión cosas que no somos, mujeres y hombres que parece que a diario cobran la quincena; niños sanos, listos, bien portados y regordetes; mujeres felices de trapear para tener un delicado olor a lavanda; hombres que deciden usar shampús de hombres y familias poco parecidas a la media de las familias mexicanas.

Acabo de cobrar la quincena y casi creo que es parecida al amor o a un orgasmo, cortito, efímero e inalcanzable, entonces solo queda limitamos a mirar con tristeza la cartera y a remarcar con un pequeño lapicito rojo las prioridades, en tanto que los sueños vuelven a su eterno hogar que muy al fondo, a la izquierda, muy cerquita de un lejano lugar en la cabeza.

@Miss__Ovarios

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Comentario de Mariangel Calderon el septiembre 29, 2015 a las 12:25pm
Como el amor, que ya se sabe que dura, lo que... abrazo Angy
Comentario de Angie Contreras el septiembre 29, 2015 a las 11:43am

Querida Mariangel:

me encanto "Acabo de cobrar la quincena y casi creo que es parecida al amor o a un orgasmo, cortito, efímero e inalcanzable"

y si es el problema de no llevar educación financiera desde pequeños, para no tener que sufrir por apretarnos el cinturon, espero mientras dura la quincena a veces es como un buen orgasmo!

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