El tiempo de los silencios es ese que nace cuando las palabras mueren y los abrazos sobran, es el que se descubre cuando los oídos son sordos y se cierran a cualquier historia y sus vicios y sus recovecos.

No hay entonces nada que decir cuando el corazón late en modo de ahorro de energía,  cuando espera un milagro que lo rescate de la muerte, que lo devuelva cuidadosa y naturalmente a la vida.

El tiempo de los silencios existe cuando se está en un espacio lleno de gentes que hablan y gritan sus vicisitudes,  sus logros, sus vidas y dolores y uno permanece abrabrazado sus silencios mirando a todos gesticular rabiosamente sus pasiones,  queriendo sentir algunas y extrañando otras tantas.

El tiempo de lo silencios no es una muerte en vida, es una pausa de ésta, es el descanso que exige un alma llena de amores, historias mal contadas y basura emocional no reciclable acumulada en algun lugar de la cabeza.

Y da miedo esta ausencia de palbaras y de gentes, asusta esta idea de no volver a cantar y de sólo escuchar en una casa vacía los pasos arrastrados, los carraspeos propios y los suspiros oprimidos.

El silencio es este que viene cuando no quieres emitir ninguna voz porque se tiene la certeza de que no emanara ninguna idea feliz, porque se deja de sentir alegría o trsiteza ante los logros y desgracias propios o ajenos.

Y no, no es falta de empatía ni de buenas costumbres,  es solo la manía que tenemos algunos de limpiar el alma con la vieja y funcional receta de la carencia de sonidos, ese milenario remedio que acumula todas las palabras dichas antes para acomodarlas en su justa dimensión,  ese tratamiento que demenuza cada suspiro y cada letra para entenderlo,  ese que elimina las palabras carentes de sentido que se dicen al calor de la vida y que se sueltan como caballos desbocados. 

Entonces se economizan los te quieros y los te extraño,  se encierran en un baúl sin llaves los para siempres y los tu nuncas, se educa a la lengua para que no se ejercite con palabras que no se pueden cumplir, por ende llega asi, sin bombo ni platillo el silencio,  porque a cierta edad no se hacen ya promesas y solo se suelta la lengua para dar un beso que contenga todas esas letras que no se dicen por miedo a que se vuelvan reales.

Este es el tiempo de los silencios que no indican muerte sentimental,  sino vida interior en proceso de reparación.

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