Al empezar a poner el título de mi nuevo blog, me vino a la memoria el empiezo de una canción, de la cual no puedo recordar lo que sigue. Creo que la cantaba Javier Solís; si al leer esto alguien sabe de que canción se trata,agradecería que me lo hicieran saber , para quitarme de la cabeza el sonsonete de ella.


     El título iba a ser: Después de tanto tiempo. Así es, hace mucho tiempo que he estado alejada de Abuela, Abuela, y eso me ha traído una muy severa llamada de atención (!!!!!!) de mi hija,la fundadora y directora de Mujeres Construyendo, sobre mi falta de disciplina. Es muy saludable un jaloncito de orejas a estas alturas de la vida, ya que además me hizo reir el que ahora los patos le tiran a las escopetas.


     Supongo que muchas cosas he hecho en este tiempo, que han llenado mis días, más si empiezo a enumerarlas a mi misma, parecen poca cosa. No puede ser, ya que cada día vivido ha sido un día pleno, completo, satisfecho.


     Bueno, en estos últimos quince ó veinte días me he dedicado a lograr una desintoxicación general de mi organismo, pues a lo largo del tiempo, se han ido acumulando una medicina sobre otra, que había que tomar a diario. Me metí de cabeza al régimen de salud, que enseña en su libro (que es mi libro de cabecera), Manuel Lezaeta Acharán llamado: La Medicina Natural al Alcance de Todos.


     Antes de empezar les avisé a mis cinco hijas que en este tiempo se olvidaran de mí, pues no iban a contar conmigo,ya que mis días iban a ser completos de la mañana a la noche y de un cambio total en alimentación e hidroterapia y también de reposo y tranqulidad.


     Los primeros días a base, exclusivamente de fruta, siempre son un poco difíciles, pero me encantó volver a sentir a mi cuerpo respondiendo a esa limpieza. Al principio no todo es cantar y reir, hay molestias,
desánimo, pocas fuerzas, pero día a día, eso va quedando atrás y el cambio es muy positivo.     

     Desde que era chicuela, mi mamá se extrañaba de que no me hacía comer carne, simplemente la rechazaba. Eso continuó, aunque ya no tan tajantemente, a lo largo de mi adolescencia. Apenas saliendo de ella, me casé (tenía 17 años) y fué mi suegro el que me hizo saber,  que era, por naturaleza, afecta al vegetarianismo y nos regaló a mi marido y a mí el libro de Lezaeta. Por eso se convirtió en mi libro de cabecera. Soy una convencida de él, aunque una practicante no muy religiosa, ya que constantemente  cede una a las costumbres ya establecidas  que lo circundan a uno.


     Hasta aquí hoy, continuaré mañana. (¿Era Denegri el que así se despedía?.)

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