Antes que le siga usted leyendo, quiero ponerle una cosa muy en claro: AMO EL FUTBOL, soy de esas que ve todo el fut que puede, que se emociona desde un partido callejero hasta los grandes eventos y aunque mi equipo favorito son los Pumas, debido a su reciente mediocridad me he decidido a no tener camiseta y como en todos los demás aspectos de la vida: disfrutar, así que huérfana de equipo, me hace feliz el simple hecho de ver el futbol.

Habiendo aclarado lo anterior, ahora sí, hablemos del futbol…hace unas semanas, la Federación Mexicana de Futbol recibió una carta de FIFA en la cual se le solicitaba una explicación por los gritos de "¡Puto!" de la afición mexicana en el partido contra Camerún. Cuando vi la nota inicial, me emocioné muchísimo! Estaba frente a mis ojitos una muestra de una de las utopías que más he trabajado: la discriminación en el lenguaje y el lenguaje no sexista, así que fue de esos momentos en que realmente me creí que todo puede cambiar. Según lo documentado en diversos medios de comunicación, el director de Selecciones Nacionales, Héctor González Iñárritu, confirmó la existencia de la solicitud y (no me extrañó nada) se limitó a declarar que en el Tricolor están imposibilitados para impedir las expresiones del público en los estadios, más cuando ese tipo de gritos han sido comunes durante varios partidos…en varias entrevistas escuchamos a los integrantes de la “política futbolera” de este país, decir que “no era una expresión de homofobia” y que “era parte de la cultura” e incluso el mismo González Iñárritu se atrevió a aseverar que el decirle “puto” a un jugador “no es ni agresión, es una manifestación que tienen de hace tiempo en la Liga mexicana” como si eso desapareciera cualquier ofensa ocurrida.

 

Como ya saben, me duró muy poquito el gusto porque a unos días de esto, la FIFA determinó que no había motivos para sancionar a la Selección Mexicana y pues que aquí ya no pasaba nada…claro, me imagino que también tuvo que ver con la poca congruencia de la FIFA quien ha otorgado sedes del mundial a países donde aún se considera la homosexualidad como motivo de crimen e incluso se le impone un castigo de cárcel.  Pero bueno, de inicio, me pareció un acto congruente, digno y sobre todo, necesario en apego al compromiso con la no violencia que se supone, tiene la FIFA.

De inicio, cuando empezó a circular la noticia y lo obvio ocurrió: mucha gente estaba INDIGNADÍSIMA con la FIFA por “atreverse” a cuestionar uno de los gritos más simbólicos y “patriotas” que tiene el pueblo mexicano. Salieron toda clase de voces a defender el “puto” y a acusar de “mochos”, “mojigatos” y hasta “violadores de la libertad de expresión” a quienes defendimos la (en ese momento inicial) postura de la FIFA. Tengo una amiga que me dijo incluso que mejor me dedicara a disfrutar de la vida y que no me clavara con temas que no son importantes, que yo soy fan de Molotov y que he cantado y brincoteado coreando su famosísima canción “puto”. Y si, si lo he hecho…es más… yo también he gritado “puto” en el estadio en varios partidos a los que he ido y ¿saben qué? ¡ME ENCANTA!, es divertido, es una catarsis fabulosa y si, es parte de un acto colectivo que nos hace pertenecer a un grupo. Pues bueno, de unos años para acá, renuncié a ese placer tan fabuloso porque de la peor manera, me tocó entender todo lo que hay detrás de esa palabra.

Alguna vez, cuando comencé a estudiar el lenguaje como herramienta para la discriminación, leí que no sólo empleamos las palabras para pensar, si no que en el lenguaje se encuentra la base de casi toda nuestra experiencia, ahí es donde radica toda nuestra imaginación, todas nuestras experiencias, encuentros, creencias, decisiones, preferencias y también es el es la base más fuerte que sostiene los estereotipos, prejuicios negativos y estigmas, que casi de manera imperceptible  se transforman en prácticas de injusticia, exclusión social y violación de derechos. Un lenguaje discriminatorio cumple la doble función de construir y confirmar la “inferioridad” de individuos y grupos, grupos  como las personas con obesidad, las trabajadoras sexuales, las trabajadoras del hogar, las personas de algún grupo étnico y si, también a las personas homosexuales, todo esto porque el lenguaje, de manera colectiva les adjudica, de manera consciente o no, valores negativos.    

Desde que somos menores, aprendemos a nombrar a las cosas y a las personas según nuestro entorno y al mismo tiempo, integramos prejuicios, atribuciones y matices. Producimos y reproducimos, la mayor parte del tiempo sin conciencia del GRAN poder que tienen las palabras. Hay que tener mucho cuidado con esto, no porque no lo hagamos con intención, nos libra de que el lenguaje de la discriminación se alimenta del dolor y muchas veces, de la sangre de las personas que históricamente han sido vulneradas en sus derechos. Vemos como cotidiano las parodias, los apodos, los motes humillantes lo cual sólo es una muestra de cómo nuestra cultura está traspasada por hábitos lingüísticos que a menudo son vejatorios y ofensivos para quienes son “diferentes” en algún aspecto, respecto a la mayoría.

Pero y entonces ¿qué pasa con la libertad de expresión? De acuerdo con la Convención Americana sobre Derechos Humanos, en su artículo 13 establece que “toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión”… sin embargo, la mismísima  Suprema Corte de Justicia de la Nación, en resolución al  amparo directo 2806/2012, estableció que la expresión de “puto” es una palabra que fomenta la discriminación y que puede ser sancionada en nuestro país…claro, no falla quién dirá que total, la estaban diciendo en Brasil…si, pero en rueda de prensa, el director técnico de la selección, dijo que invitaba a toda la afición a “no callarse, no dejar de apoyar” en clara referencia a la advertencia de la FIFA en utilizar esta palabra…por lo menos, a mí, me brinca muchísimo que quien se supone que es un representante del país, en una justa deportiva de nivel internacional, tenga el descaro de olvidarse que él es sujeto a observaciones por la constitución (donde está consagrado el derecho a la no discriminación) y por si fuera poco, también le obliga la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, decretada el 11 de junio del 2003.

También, el técnico de la selección, en vez de optar por apegarse a los criterios de la  FIFA, la cual obliga a todas las federaciones que la integran a aplicar el “Protocolo contra el racismo” al igual que la Concacaf, olvidó que  la Federación Mexicana de Futbol se comprometió a aplicar el protocolo dictado por la FIFA ante casos de racismo, xenofobia y homofobia registrados en partidos del futbol mexicano, y obviamente olvidó que en los estatutos de la FIFA, en su artículo tercero se  indica que “Está prohibida la discriminación de cualquier país, individuo o grupo de personas por su origen étnico, sexo, lenguaje, religión, política o por cualquier otra razón, y es punible con suspensión o exclusión”.

 

¿Qué nos refleja la palabra puto? Hay quien me dice que nada, que le decimos puto a todo y que no tiene nada que ver con alguna referencia a la orientación sexual de las personas…esa respuesta es la que más miedo me da porque hace evidente el alto grado de normalización de la violencia, en sí, de la homofobia. La homofobia es la aversión, el temor, el rechazo o el prejuicio contra las personas que no cumplen con el rol de género dominante socialmente. Se manifiesta en diversas maneras, como puede ser omisiones, silencio, burla, desprecio, exclusión, rechazo, persecución y violencia. Según el informe de Crímenes de Odio por Homofobia, de la Asociación Civil Letra S, presentado hace unos años,  en una proyección nacional, indica que entre 1995 y 2008 se han registrado 628 homicidios motivados por odio contra homosexuales, lesbianas y transgénero. También refleja que México es el segundo país con mayor índice de crímenes por homofobia en América Latina, únicamente superado por Brasil.  Es difícil conseguir datos sobre los crímenes por homofobia, aquí en San Luis Potosí, la asociación CODISEEG A.C. de la cual soy parte, estamos realizando un observatorio de crímenes por homofobia, lesbofobia y transfobia con el cual, pretendemos aportar a este incompleto y dificilísimo mapeo de demostrar que la palabra “puto” es mucho más que una palabra…hay casos en que esa palabra fue la última que una persona escuchó antes de ser asesinada, precisamente “por puto”.

 

 

Y si, extraño mucho decir “este puto calor”, “ese pendejo ha de ser puto”, “¿qué puto tráfico es este?” y todas esas expresiones que para mí eran normales y de uso diario…pero, finalmente, las palabras que decimos y el cómo nos expresamos es una elección personalísima, yo lo único que intento es el invitarle a reflexionar que por más “normal” que nos parezca, el grito de “puto” es expresión de desprecio, de rechazo. es una calificación negativa, es un estigma, es minusvaloración. Ha sido comúnmente utilizada para dañar la condición homosexual relacionándola con cobardía, es una forma de equiparar a las personas con las mujeres, evidenciando una misoginia profunda, como si el ser comparado con una mujer fuese una forma de ridiculizarse en un espacio deportivo, el cual, hay que señalar, mayoritariamente se ha concebido como casi exclusivamente masculino…así que, la decisión es solamente suya.

 

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