“Aquí todas somos señoritas de  8 a 4, es una prestación” esas fueron de las primeras frases que escuché en una dependencia pública federal cuando llegué a trabajar ahí. No supe que decir ante las carcajadas de las demás compañeras. No supe si reírme también o ser lo imprudente que suelo ser y decir que el que las mujeres seamos llamas “señoras” o “señoritas” a partir de nuestro estado civil, me parece una costumbre francamente machista y colocarnos en categorías de valor a partir de eso, es una de las formas de discriminación más comunes.  

El lenguaje nos define, nos construye y manifiesta los sentimientos, mandatos, experiencias, situaciones actuales e históricas. Es un reflejo de las sociedades donde se transmite ideologías, modos, valores, costumbres. Por eso, debemos de analizar y visibilizar que el lenguaje está plagado de androcentrismo que refleja un sesgo de la realidad reforzando la invisibilidad y  la exclusión de las mujeres en todos los ámbitos.  No es cosa menor,  tengamos claro que el mundo de las estructuras simbólicas se sostienen en el lenguaje, el uso de las palabras, conceptos o expresiones están son parte central del imaginario simbólico. Es por esto que el lenguaje es un campo de trabajo para quienes buscamos erradicar las desigualdades y sostenemos que el lenguaje es una herramienta reivindicativa y crítica que es capaz de devolvernos en palabras una imagen exacta de la realidad, sin sexismos.

Hace unos días, el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, al evadir una pregunta hecha por reporteras, respondió “no voy a hablar de eso, corazoncito” y se armó la polémica. ¿Es un hecho sexista el haberles llamado así a las reporteras? Al día siguiente, López Obrador intentó explicar sus palabras diciendo que “lo hizo con cariño” porque “estima mucho” a los periodistas, obviamente desestimando los señalamientos sexistas y sin ofrecer una disculpa.  Al mismo tiempo, en redes sociales se dividieron opiniones que iban desde quienes señalábamos el sexismo hasta quienes insistían que fijarnos en eso no tenía caso, habiendo otras cosas por atender, como los índices de feminicidios. Creo que no cabe siquiera la comparación entre el uso del lenguaje y la expresión más desbordada de la violencia contra las mujeres, como es el feminicidio.

Miren, la cosa no es menor, el señor Andrés Manuel, como presidente electo es la persona que representa los valores e ideología de un país como Mexico, una misma palabra puede tener una connotación muy diferente y aunque no lo haya hecho con mala intención, si estuvo muy fuera de lugar al decirlo con el afán de evadir la responsabilidad de informar una acción realizada por la bancada del partido que él encabeza.  No dejemos pasar el hecho de que muchas expresiones en el lenguaje contribuyen a reforzar los estereotipos y dejo la pregunta sobre la mesa ¿el futuro mandatario se dirigiría de igual manera a los reporteros hombres?

Rompamos con esas costumbres en las que pareciera que a las mujeres cualquier persona puede llamarnos con una familiaridad inexistente y comencemos a visibilizar lo fundamental que son las palabras y como éstas reflejan, mucho de lo que somos y pensamos.

 

 

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