G. Águeda García.
2010



Hablar de autonomía económica de las mujeres es hablar de nuestra propia capacidad de ser generadoras de nuestro propio sustento y de los que dependen de nosotras; la palabra autonomía de acuerdo al Diccionario de la Lengua Española, nos dice que se refiere a la Condición de quien, para ciertas cosas, no depende de nadie, pero a las mujeres históricamente nos han educado para depender de los demás; desde mi experiencia la autonomía es un proceso que inicia en la familia, espacio en donde a hombres y mujeres se nos debería formar por igual para ser libres en toda la extensión de la palabra, a no depender de nadie, principio a reforzar en el ámbito educativo y en la sociedad como derecho elemental de vida.

La autonomía en el ámbito económico se refiere a la capacidad de las mujeres de generar su propios ingresos y a decidir el gasto del mismo, dicha capacidad nos permite movernos con más libertad para el ejercicio de otros derechos fundamentales que facilitan la participación social y política y que nos permita acceder al desarrollo humano pleno, cuyo objetivo es elevar los niveles de bienestar, en este caso de las mujeres, para ello se requiere de impulsar economías regionales que permitan a las mujeres incorporarse a fuente de trabajo formales o bien que incentive su participación en la creación de fuentes alternativas que les generen ingresos sin necesidad de desplazarse de sus comunidades, lo que permitirá que las mujeres a pasemos de ser sujetas a actoras de desarrollo, ejerciendo a la vez nuestros derechos, económicos, sociales y políticos.

Pero ¿qué implica para las mujeres generar sus propios ingresos? la primera respuesta es
que las mujeres podemos tener dos formas de incorporarnos a la economía, una el mercado laboral formal y el segundo el mercado informal, para el primero tendríamos necesariamente que contar con una serie de competencias acreditadas, en el segundo la gama y variedad de autoempleos es tan grande como la creatividad de las personas.

En el primer caso las mujeres nos exponemos a una serie de obstáculos como horarios de
trabajos, cuidado de los hijos, dobles jornadas de trabajo, salarios menores al de los varones, aun cuando el grado de escolaridad sea de nivel profesional.

En América Latina de acuerdo a cifras de Aguilar, Gaby, menciona que en las mujeres en
edad productiva el grado de mayor escolaridad no se relaciona directamente con mayores ingresos en el empleo, y que las mujeres con 13 años o más de educación ganan un 30% menos que los hombres.

En el segundo caso pareciera, que las mujeres que recurren al autoempleo dentro del
mercado laboral informal, mantienen una escolaridad baja, aunque está demostrado que ante la falta de oportunidades laborales muchas profesionistas también han optado por el autoempleo, y las áreas rurales no son la excepción, las mujeres sobre todo de las comunidades en su mayoría no logran concluir educación básica, la desigualdad de género se ve reflejada en una matricula escolar con más varones, ya que culturalmente los varones tienen preferencia para la escuela.

Considero que la falta de oportunidades de empleo es una variable que influye que las personas tenga que migrar, la migración sobre todo de los varones ha tenido diferentes costos y riesgos que han impactado de manera importante en la vida cotidiana de las mujeres y las familias, así como en los tejidos sociales y cambios de patrones culturales del municipio. Los flujos migratorios se han redefinido y reorientado a través del tiempo produciendo cambios importantes a nivel personal, familiar y comunitario, en las expectativas de futuro de los habitantes del campo, en las formas de convivencia familiar y en las prácticas laborales de quienes participan en ellos, pero sobre todo de las mujeres.

Para las mujeres la migración de sus parejas les ha permitido en parte tener que tomar decisiones, y comenzar a decidir sobre el ingreso que recibe vía remesas, cómo gastarlo o invertirlo, decidir si se invierte en la educación de los hijos e hijas, e incluso iniciar pequeños negocios, esto no en todos los casos ya que también existe la otra realidad en que aunque el esposo se encuentra lejos continua tomando las decisiones en cuanto a qué hacer con el dinero y otorgando o no los permisos para que “sus” mujeres puedan realizar otras actividades.

Por otro lado esta la invisibilización del trabajo de las mujeres, además del trabajo doméstico, por ejemplo en la migración familiar, en donde las mujeres van junto con su hijos y marido a las cosechas de productos, (café, jitomate y otros) en donde la mano de obra que se contabiliza sólo es la del cabeza de familia; la cantidad de mujeres, niñas y niños, así como las actividades que realizan muchas veces en condiciones de vulnerabilidad no se registra ni obtienen ingresos para ellas mismas.

Otra realidad es cuando sus maridos migran y en el lugar de destino encuentran otra pareja
sentimental lo que hace que el envío de dinero a sus esposas disminuya o desaparezca, situación que hace que las mujeres traten de buscar alternativas de sobrevivencia dentro del mercado informal o bien irse de trabajadoras domésticas a las ciudades cercanas a su
lugar de origen para poder ganar algún dinero que les permita sobrevivir ellas y su hijos e hijas.

En el estudio de caso realizado por García, Jarquin y Pérez (2008) Diagnóstico situacional con enfoque de género en el municipio de Chocamán, Veracruz. nos muestra que las mujeres que reciben recursos de las remesas, tiene mayor poder de decisión sobre el uso del recurso, pero que dado el contexto socioeconómico se enfrentan a los problemas como la disminución de las mismas, en algunos casos porque el marido encuentra otra pareja en el otro lado y se olvida de la familia; por ello la importancia del enfoque de género que permite observar justamente la forma en que hombres y mujeres acceden en igualdad o no de condiciones al uso, control y disfrute de los recursos, beneficios y a la toma de decisiones, es fundamental para un desarrollo con equidad.

Si analizamos el problema de la falta de ingresos para las mujeres como una realidad que está presente en la mayor parte del país, y que las mujeres que son consideradas como parte de la población económicamente activa, E.A., esta a nivel nacional por debajo de los porcentajes de hombres E.A. La realidad en los municipios del país es aun más preocupante ya que es en dichos municipios en donde se genera la desigualdad que en este caso afecta más a mujeres que a hombres, estudios del Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, considera que una proporción de la desigualdad entre las regiones, los municipios y los individuos del país se debe a las dinámicas locales en cuanto a los aspectos, económicos, sociales, culturales e institucionales, considerando que las políticas públicas de los municipios pueden incidir en el cambio de esta desigualdad,

...el municipio es entorno más inmediato donde las personas disfrutan sus derechos, toman decisiones, se relacionan social y políticamente. Allí también se encuentran sus seres queridos, su trabajo y su patrimonio” (Informe de Desarrollo Humano 2004).

...La precariedad de la inversión y las deficiencias en la gestión pública que se observan a nivel local frenan al ejercicio de los derechos y de las libertades individuales. La mayor o menor participación social y política también aparece como un componente a tomar en cuenta...” (Informe de Desarrollo Humano 2004)

Otro referente importante es el cumplimiento de los objetivos de desarrollo del milenio, el tercero de los objetivos es el promover la igualdad en entre los géneros, de acuerdo ala ONU “...La igualdad entre los géneros es un derecho humano y es esencial para la consecución de los objetivos de desarrollo del Milenio. Se trata de un requisito indispensable para superar el hambre, la pobreza y las enfermedades. Igualdad entre los géneros implica igualdad en todos los niveles de la educación y en todos los ámbitos de trabajo, el control equitativo de los recursos y una representación igual en la vida pública y política...” para lograr lo anterior se requiere potenciar la participación y el empoderamiento de las mujeres buscando su autonomía económica, social, cultural, política.

El trabajo que realizan las mujeres se invisibiliza a pesar de tener dobles y triples jornadas de trabajo y limita las capacidades de las mujeres como actoras del desarrollo “En los países en desarrollo, las campesinas pobres desempeñan una función fundamental en la producción agrícola y en el cuidado del ganado, de hecho realizan múltiples actividades económicas de importancia capital para la subsistencia de las familias rurales pobres. Son responsables de obtener los alimentos, el agua y el combustible necesario para sus familias (Marco Estratégico del FIDA 2002-2006 Pág. 5)

Se ha comprobado que la esperanza de vida de las mujeres que viven en condiciones de desventaja social es menor en comparación a mujeres que viven en zonas de alto desarrollo humano, ya que si las mujeres no tienen acceso a la educación, la salud, una buena alimentación y los ingresos suficientes que le garanticen una mejor calidad de vida limita sus capacidades de desarrollo y crecimiento y se agudiza la pobreza que les afecta aun más que a los hombres, de ahí el termino de feminización de la pobreza.

En cambio se ha demostrado como lo menciona el Marco Estratégico del FIDA que cuando las mujeres disponen de insumos y conocimientos pertinentes, la productividad agrícola se incrementa, de igual manera se reconoce a las mujeres como promotoras y participantes de organizaciones locales de autoayuda y muestra que muchos programas de micro financiamiento en el mundo son las mujeres las que han demostrado ser ahorradoras y prestatarias prudentes y exitosas que emplean el beneficio en toda su familia.

Lo anterior incide directamente en que las hijas y los hijos de las mujeres que participan activamente y cuentan con empleo remunerado aseguran la permanencia de sus hijos e hijas en la escuela y reducen considerablemente los problemas de desnutrición. Aunque es este sentido también hay que considerar que el 80% de l ingreso se destina a la compra de alimentos, por lo que es necesario considerar la implementación de estrategias que garanticen la producción e intercambio de alimentos locales incluso de proyectos que garanticen la autonomía alimentaria, en pro de una autonomía plena de las mujeres.


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