En homenaje a Don Ángel Trinidad Ferreira.

Para Ángel, Emilio, y familia.

En memoria de mi mamá.

Para quienes perdieron a alguien.


En este mes de noviembre, que en nuestras costumbres es alusivo a quienes se han marchado; y a casi dos años de una pandemia que puso en pausa la vorágine de nuestras rutinas; quiero dedicar este espacio en honor a su recuerdo, y compartir algunas reflexiones sobre la fragilidad de la vida, y el seguro arribo de su final.

Lo único cierto en esta vida incierta es la muerte, de la cual nada material nos llevaremos. A pesar de que lo sabemos, nuestro inconsciente se resiste a asimilar que es un hecho inevitable; y quisiéramos que la vida de la gente que nos importa y la nuestra fueran eternas.

De algún modo, las personas buscamos conservar una conexión con quienes se han adelantado en este viaje, concibiendo a la muerte no como una terminación definitiva, sino como un paso a un plano distinto, en el que podemos tender un puente entre lo terrenal con lo espiritual.

De tal suerte que guardar en la memoria a nuestros difuntos hace que no se vayan del todo, y, de cierta manera, nos permite mantener con ellos un vínculo emocional que nos da fuerza para seguir adelante.

Según la tradición mexicana del Día de Muertos, los espíritus de nuestros seres queridos que ya no están en el “mundo de los vivos”, regresan cada 1° y 2 de noviembre para convivir con la familia, y disfrutar de los manjares que los esperan en los altares que les dedicamos.

En las ofrendas, convidamos a las esperadas almas sus bebidas predilectas que nos saben a sentimiento de nostalgia; preparamos sus platillos favoritos, sazonándolos con gratas y emotivas remembranzas; y tenemos listas sus calaveritas de azúcar y su pan de muerto para endulzar su llegada y, sobre todo, nuestra espera.

Para que nuestras visitas sean recibidas como se merecen, iluminamos el lugar con velas que guían su camino; lo ataviamos con papel picado de intensos colores morados, fucsias y naranjas; e impregnamos el ambiente con olor a flores de cempasúchil, incienso y copal.

Para culminar tan mística representación, ponemos sus retratos o fotografías, a fin de que sepan que siempre están presentes, porque los llevamos en el corazón.

De alguna forma, queremos transmitirles que esta escenografía adornada con tanta devoción es un homenaje a su vida, que dejó huella en la nuestra, y que seguirá trascendiendo a través de nuestras personas, porque somos su reflejo.

Creo que una manera de mantener vigente el espíritu de nuestros seres queridos que ya no están, es honrando las lecciones que nos legaron mediante las acciones que hacemos; siendo fieles a los valores y principios que nos enseñaron; defendiendo firmemente nuestras convicciones, y luchando por las causas que nos inspiran.

También atendiendo a sus consejos, para no perderse en el trayecto; y para no negociar la dignidad, ni pasar sobre los demás, ni venderse, ni dejarse deslumbrar por falsos espejismos como la ambición de dinero o poder.

Por el contrario, repasar sus sabias palabras nos ayuda a mantener los pies sobre la tierra, la cabeza en alto y a dormir con la conciencia tranquila; a tener la capacidad de reconocernos frente al espejo sabiendo que seguimos siendo quienes somos, con satisfacción y orgullo de ello.

Nuestro paso temporal por aquí es para aprender, mejorar, y sentirnos bien. Por eso, saber que la vida es finita es un llamado permanente para disfrutarla más y preocuparnos menos, teniendo confianza de que todo lo que ocurre toma su curso.

Dado que solo tenemos el hoy, valoremos y agradezcamos lo que poseemos; desechemos lo que sea nocivo; destinemos el tiempo en aquello que nos apasiona, y aprovechémoslo al máximo con quienes nos significan, sin escatimar ni una sola palabra para expresarles nuestro afecto.

Dice Serrat, en la canción Cantares, que si bien “todo pasa y todo queda, lo nuestro es pasar”; pero no sin ningún sentido, sino “pasar haciendo caminos”. Sin duda alguna, la vida es una mágica aventura, y vivirla con congruencia, pasión, autonomía y libertad, tocando para bien a otras vidas, siempre valdrá la pena.

De cada una de nosotras y nosotros depende la decisión de cómo queremos transitar nuestro sendero; de tener claridad de lo qué es importante; de saber cómo queremos trascender y ser recordados, para que cuando terminemos este andar, nos sintamos plenos de la historia que hemos contado, encontrando paz interior.


Fuente:

"Una ofrenda para quienes ya no están", Columna Brújula de Ideas, Voces México, 02 de noviembre de 2021, disponible en: https://vocesmexico.com/opinion/una-ofrenda-para-quienes-ya-no-estan/

YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=8A1G-xP_0XY&ab_channel=VocesM%C...

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