Liderar sin apagar tu sistema nervioso: una mirada integral al burnout en gerentes de alto desempeño

Liderar un equipo de alto desempeño no debería significar apagar tu propio sistema nervioso.


Esta semana asistí a una plática sobre "burnout" guiada por Michelle Kava ("Cómo apagar tu burnout"), organizada por Dalia Empower, y me quedé pensando en este tipo de preguntas que como gerentes o líderes rara vez nos permitimos decir en voz alta: ¿el agotamiento o el estrés crónico vienen solo de trabajar demasiado?
En esta sesión me llevé el conocimiento de que muchas veces el "burnout" es la consecuencia de un sistema nervioso que ha permanecido en estado de alerta durante demasiado tiempo. Esto afecta a la persona y va más allá de las consideraciones sistémicas que documentan los expertos en psicología, neurociencia, gestión, o que la OMS clasifica como un fenómeno ocupacional.


En la vida real, los profesionales que tenemos el privilegio de dirigir equipos de alto desempeño en empresas que enfrentan una realidad muy competitiva y entornos volátiles —y que necesitan resultados, con decisiones constantes y equipos altamente especializados— vivimos una exigencia real. De la necesidad de entender e identificar qué me estaba pasando, he aprendido, leyendo, investigando y en carne propia, que entender la base fisiológica de ese desgaste cambia por completo cómo lo enfrentamos.

Michelle y Dalia me ayudaron a ponerlo todo junto para dejar de pelear con mi mente y lograr esa unión mente-cuerpo que nos hace muy poderosas a las líderes. Esto me ayudó a convertir esta experiencia de algo externo, que requiere una solución sistémica que no siempre es viable, a algo accionable donde los gerentes o los líderes podemos hacer más allá de ser el inicio o el fin del problema en un equipo.


Más allá del equipo, más allá de la empresa o el sector, estamos nosotros, como personas, esos líderes que hacemos que las cosas pasen día tras día. Esa parte de la solución es interna y está en nuestras manos. Hasta la plática de Michelle en el entrenamiento de Dalia, no había entendido que mis prácticas de autocuidado, cultivadas por años, eran justo las que me habían estado permitiendo sostenerme.

Algunos hallazgos que quiero compartir…

Cuando vivimos bajo presión sostenida

La amígdala (nuestro sistema de alarma) se activa con más fuerza que la corteza prefrontal (la que nos permite razonar con calma y decidir con claridad). Por eso, en los días más demandantes, cuesta más pensar con la misma agudeza de siempre. Ese cortisol que ayuda a reaccionar y sobrevivir, cuando se mantiene de forma continua, nos detiene. No es falta de capacidad: es fisiología. 

La autocrítica activa el cerebro casi igual que una amenaza externa


Pensamientos como "debería poder con todo, siempre" activan la amígdala casi igual que una amenaza real. Sostener estándares altos no requiere ser dura contigo misma; requiere una relación distinta con esos estándares, sin perder ni un ápice de efectividad. No es lo que se hace, es cómo se procesa internamente lo que se hace, y el enfoque desde el que se actúa.


El desgaste que sentimos como líderes no es "solo mental"


Elizabeth Blackburn recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2009 por descubrir los telómeros y la telomerasa, y su investigación posterior demostró algo que me parece revelador: el estrés crónico acelera el acortamiento de los telómeros, un marcador medible de envejecimiento celular. Deja huella biológica real.

Lo que la evidencia muestra que protege

La buena noticia es que también existe evidencia sólida sobre lo que protege:
• Pausas breves y consistentes
• Respiración con exhalación prolongada
• Sueño protegido como no negociable
• Mindfulness sostenido
• Red de apoyo con pares para no enfrentar la presión en soledad

Ninguna de estas prácticas resuelve por sí sola los retos estructurales de un entorno demandante, ni siquiera buscan resolverlos. Más bien, como líderes eficaces, nos permiten cambiar el punto de partida desde el cual los enfrentamos, y con eso, una parte del trabajo ya está hecho. Nuestra realidad la construimos, en buena medida, a partir de nuestra percepción. Además, al ser un ejemplo para nuestros equipos, podemos tener un impacto real en cómo se forma la percepción grupal.


Una mirada integral: qué es realmente el burnout en nuestro caso

El burnout no es un fallo de carácter, ni una señal de que no eres suficientemente fuerte para tu puesto. Es la convergencia de tres capas:


1. Una capa estructural (la brecha entre tu responsabilidad y tu autoridad real, agravada por una cultura que centraliza en ti problemas que no diseñaste)


2. Una capa psicológica (la relación rígida con tus propios estándares, la autocrítica que activa amenaza tanto como el entorno externo)


3. Una capa biológica (cortisol sostenido, amígdala hiperactiva, telómeros que se acortan con la exposición crónica al estrés)


Ninguna de las tres explica el fenómeno completo por sí sola, y ninguna estrategia que ataque solo una de ellas será suficiente. Pero vamos por partes, y empecemos siempre por uno mismo para poder ayudar después al grupo — como en un avión en turbulencia, donde primero uno se coloca su propia mascarilla de oxígeno antes de ayudar a otros.

Respuestas concretas, organizadas por horizonte de tiempo

En el momento (minutos)
• Respiración con exhalación prolongada (4-6) antes de reuniones difíciles: es la palanca más rápida sobre tu sistema nervioso.
• Pausa de orientación o introspección de 60 segundos entre bloques de alta exigencia, para no acumular activación de un evento al siguiente.
• Cuando aparezca la autocrítica ("debería poder con esto sola"), nómbrala como pensamiento automático, no como verdad, y pregúntate si serías igual de dura con alguien de tu equipo o con una amiga en tu misma posición.

En el día, al estilo del Dr. Srini Pillay
• Respeta tus ciclos ultradianos: una pausa real de 10 minutos cada 90-120 minutos, no como lujo sino como mantenimiento de tu capacidad analítica. La mente enfocada requiere desenfocarse.
• Al cerrar el día, registra brevemente una emoción y una necesidad concreta, sin juzgarlas. Reenfoca la mente.
• Protege el sueño como no negociable: es la base fisiológica sobre la que cualquier otra estrategia funciona o falla. La mente enfocada requiere descansar.

En la semana
• 10-20 minutos diarios de meditación o mindfulness sostenido, cinco veces por semana: es la intervención con más evidencia consistente, desde Mario Alonso Puig hasta Blackburn, para reducir el daño biológico del estrés crónico.
• Ejercicio moderado regular, incluso en dosis pequeñas: tiene un efecto demostrado sobre la reparación celular, no solo sobre el ánimo.
• Un espacio de red de apoyo con pares fuera de tu línea jerárquica: romper la soledad directiva es una de las variables que más protege.
En el trimestre o año, frente a lo estructural
• Clasifica tus responsabilidades reales en decides / influyes / dependes, y documenta formalmente lo que depende de otros, pero se te atribuye a ti.
• Convierte el desgaste en un dato dentro de tus propios reportes ejecutivos: carga real, brecha responsabilidad-autoridad, rotación del equipo, como riesgo organizacional medible, no como confesión personal.
• Evalúa con datos, no con culpa, cuánto tiempo y a qué costo real vale la pena sostener este rol en estas condiciones específicas.


La idea que sostiene todo lo anterior


Sostener un puesto de alta exigencia en un entorno que además es estructuralmente complejo tiene un costo real, medible y biológico. Reconocerlo no es debilidad; es la misma precisión analítica que aplicas a los mercados que gestionas, aplicada a ti misma. Los indicadores correctos permiten detectar los eventos a tiempo y tomar las decisiones más acordes para enfrentar el riesgo.


Puedes mantener tus estándares altos y, al mismo tiempo, cambiar la relación con ellos: pasar de una autoexigencia que te consume, a una autoexigencia que reconoce límites reales, pide ayuda cuando corresponde, y protege deliberadamente los recursos —de sueño, de cuerpo, de vínculos, de tiempo— que te permiten seguir liderando bien, no solo liderando mucho.



Este artículo nació de una reflexión compartida en la comunidad Dalia Empower, y busca visibilizar una conversación que como líderes rara vez tenemos en voz alta: que el bienestar no es un lujo, es la infraestructura que nos permite sostener el alto desempeño sin destruirnos en el proceso.


Sobre la autora: Gerente de Inteligencia de mercados y estrategia comercial en el sector energético, con experiencia dirigiendo equipos de más de 50 especialistas en mercados internacionales de combustibles y petroquímicos. Apasionada por el análisis de mercados, el liderazgo consciente y la construcción de entornos de trabajo sostenibles para equipos de alto desempeño

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