Comparto con ustedes un poema que escribí sobre Florence Parpart y que formó parte del evento "Mujeres históricas, mujeres trascendentes", organizado por la UNAM San Antonio y transmitido de manera virtual el 26 de abril, a las seis de la tarde. Además de la lectura poética, se realizó una expo llamada Históricas, en la que el pintor Joao Quiroz expuso los retratos de cada una de estas mujeres, algunas de ellas poco visibilizadas. 

A Florence Parpart se le reconoce por ser la inventora del refrigerador eléctrico moderno. Sin embargo, su registro comienza años antes. En 1900, Parpart recibió una patente por mejorar la tecnología usada en la máquina de barrido industrial, la cual vendió a otras ciudades de los Estados Unidos. Pero Florence Parpart no cesó en su actividad creativa, y en 1914 fue también precursora del refrigerador eléctrico moderno. En este caso patentó sus invenciones ya bajo el nombre de Florence Layman, tras su matrimonio con su anteriormente patrocinador Hiram D. Layman. 

El poema toma como punto de partida, el refrigerador eléctrico moderno, un objeto como otros tantos, que en la cotidianidad pasa desapercibido. El poema, por ello, también es muy cotidiano, e incluso, romántico. La pareja funda su casa en el amor y poco a poco se ven en la necesidad de adquirir los accesorios necesarios para vivir, como dicen, de manera adecuada y decente. Cada objeto que entra por esa puerta abre un episodio más en el acontecer idílico. Agradezco a Marisol Vera Guerra y a Alfredo Ávalos, por hacer posible estos encuentros. 

Grabemos tu nombre como una ley

Alrededor de aquel desquicio se construyó la ceremonia.
Nos unimos sin pensarlo. La cama fue lo más importante
y las historias como un calor esparcido.

Luego del desorden, que en realidad era la luz del sol
o de la luna, la piedra o el agua acumulada bajo los arbustos,
compramos la mesa.

Es esto lo que quiero, una manera
de permanecer en el mundo.

Tú pagarías la deuda, dijiste, y yo pensaba en la renta de otra casa
o los gastos del colegio. No tuvimos hijos.
Abro la cartera llena de notas, de corazones, de fotografías
donde posan nuestros gatos. Los peino todas las tardes
y como ellos, salto de techo en techo como un cuerpo más vivo.

He pensado en convertirme en paloma.
Ves, ha pasado por la puerta otro de mis sueños. Así pasaste tú,
la cama, la mesa. Por último, el refrigerador.

Nada estaba escrito. Ella nos salvó.
Cuando el termómetro se elevó hasta alcanzar los 42 grados
fue cuando lo compramos; precioso
como el jardín que sembrarías tiempo después.

¡Florence Parpart, grabemos tu nombre como una ley!

Había que salar los alimentos
o colocar grandes barras de hielo en neveras
de témpanos amarillos, malolientes. Es la historia que tomo
del diario de mi abuela, no necesito más que su escritura limpia
en aleación con su alma.

Bosquejar, fabricar, unir,
probar cables, circuitos (aquí es donde ellos,
Florence, afirman que te apartes;
el apellido Layman
lo hacen parecer un músculo más filoso),
hasta dejar sobre los alimentos,
un halo frío, cascada transparente.

Alrededor de aquel desquicio se construyó la ceremonia.
El amor se mantiene fresco como una montaña.

Link del evento: https://www.facebook.com/131069450349694/videos/807075476666278

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