Nos estamos haciendo Viejas cuando:

Cuando la sociedad nos comienza a ver de otra forma.
Cuando en el trabajo nos piden amablemente que aceptemos un retiro adelantado.
Cuando nuestros hijos nos van desplazando para dar cabida a sus hijos y a sus nuevas amistades.
Cuando nuestros hijos tiene hijos y nos ven con ojos de “ayúdame”, pero no te metas.
Cuando escuchamos el primer “abu”, “abi” o “tita”, o “abela” y se nos hace un nudo en la garganta que deja salir lágrimas a borbotones.
Cuando nuestros hijos hacen su vida y el apoyo incondicional que encontraban en nosotros, ahora lo encuentra en otras personas.
También nos estamos haciendo viejas cuando el gobierno nos hace viejos. Nos da una tarjeta que nos hace acreedoras a descuentos, cuando nos comienzan a ceder el asiento en el transporte público, en lugar de dirigir, los jóvenes, miradas morbosas a nuestra figura.
Nos estamos haciendo viejas cuando creamos un halo de protección en nuestras pertenencias tanto emocionales como materiales.
Viejas estamos siendo cuando seguimos llorando en silencio la ausencia de nuestros seres que ya se fueron, o que no están, o que viven lejos, porque nos estamos aferrando a lo que ya no nos pertenece.


Pero al final, todos esos son datos.


Porque: Si la sociedad nos comienza a ver de otra manera, esa manera es de respeto por una vida que hicimos, que forjamos. Que se nos nota en la tez. Cada arruga es un esfuerzo, un escalón subido, tres caídos y vueltos a subir. Se nota en nuestro pelo que pierde sedosidad y que se ilumina con hilos blancos, porque cada uno de esos hilos representa una preocupación o un reto logrado. Una tristeza vivida y superada, una angustia llorada y culminada. Se nos nota en la mirada que se va suavizando a partir de sentirnos vivas y vibrantes, pero serenas y sin prisa.


Porque: Si del trabajo nos piden amablemente que aceptemos un retiro adelantado es porque ya cumplimos, porque aunque no sea cierto, ya le dimos todo lo que sabíamos hacer y entender a un gobierno, a una institución, a una empresa. Porque como nosotros, cuando éramos más jóvenes, llegamos con ímpetu y nuevas propuestas. Así, las nuevas generaciones quieren llegar y necesitan los espacios. Y esto, lo entendemos cuando vemos a nuestros hijos batallar por obtener un lugar, una posición, un buen trabajo y a pesar de nuestra gran experiencia, hemos de ceder el paso.


Porque: Cuando nuestros hijos nos van desplazando para dar cabida a sus hijos y a sus nuevas relaciones. Eso no significa que ya no les importemos, sólo significa que hicimos el trabajo bien hecho. Que estuvieron en nuestro regazo mientras construían sus futuros. Y ahora que vuelan, nos duele, nos lastima. Pero nos lastima por egoísmo, porque somos nosotros las que sufrimos al ver nuestra obra maestra volar. Porque quisiéramos seguir siendo indispensables. Y, aunque sí lo somos, ya no somos prioridad.


Porque cuando escuchamos un “abu”, “tita”, “abela”, “abi”, aunque no sean nuestros, los nietos nos llenan el corazón de esperanza, de esa alegría que regresa a nuestro regazo y a nuestro corazón que late por ese pedazo de vida y por el corazón que le dio vida a ese pequeño ser.


Porque: Cuando nuestros hijos ya no necesitan nuestro apoyo incondicional, no es que no nos quieran más, es que ya tienen el apoyo incondicional que será en su vida una constante, porque el nuestro se puede comenzar a eclipsar. Solo por eso debemos de estar alegres, de saber que ya podemos ser de ornamento en sus vidas porque ellos, ellas, ya trazaron su camino, y ya, ellas y ellos se convierten en el apoyo de las siguientes generaciones. ¿Por qué no lo vemos así? Porque nosotros comenzamos a sentirnos desplazadas y eso nos hace sentirnos viejas. Si pudiéramos integrarnos a la escena, desde primera fila, seremos parte activa de la vida de nuestros hijos y felices observadores de nuestra propia creación.


Porque: Cuando nuestras hijas/hijos tiene a sus hijos, quieren tenernos junto y debemos estar lo suficientemente cerca para apoyarlas cuando se sienten oprimidas por la responsabilidad o por el cuidado de los niños, pero lo suficientemente lejos para que disfruten su maternidad, que viene sin manual. Esa maternidad por la que todas pasamos con sus sobresaltos, y alegrías. Que todas pasamos con aciertos y errores, de la cual hemos ido saliendo adelante y ahora, nos podemos regocijar al ver que creamos grandes obras de arte que se han integrado de forma exitosa a una sociedad y han hecho sus vidas. Allí estamos, cerca para disfrutar el espectáculo y el premio de la vida por nuestra dedicación. ¡Su realización!


Porque: Si los nietos que no son nuestros nos conmueven y nos mueven, imagino que los hijos de nuestra creación nos arranca un amor que no sabíamos que todavía teníamos guardado en una esquina del corazón. Porque sus sonrisas, sus palabras personalizadas y sus primeras hazañas nos remontan a la primavera de la vida misma. ¡Benditos nietos!


Porque: Soltar el pasado ayuda. Y mientras nos aferremos a él de cualquier forma- Ya sea a través de querer conservar gente que no nos hace bien, y que nos afecta y nos inmoviliza. O si estamos aprisionando inmuebles, muebles, cacharros y cosas que fueron de utilidad y parte de, y consecuencia de nuestra entrega, o del trabajo de nuestra vida, -estaremos siempre viendo para atrás en lugar de construir nuestro ya, corto futuro.


Porque: Si nuestras emociones no sueltan los resentimientos y los enojos acumulados- Tantas tristezas y sinsabores, no estaremos en posibilidades de construir nuevas relaciones que nos den vitalidad. Tampoco estaremos en posibilidades de seguir cultivando las amorosas relaciones que viajaron en el tren de nuestra vida, siempre juntas, siempre agarrándonos de la mano, siempre dando el mejor consejo, o el peor. Pero allí. Abrazándonos, sosteniéndonos unas a otras. Amándonos de forma incondicional.

Porque la vida es así, y así debemos enfrentarla con los retos y las motivaciones que la nueva circunstancia nos ofrece, sin miedo, sin temores, intentar hacer lo que siempre nos ha gustado y no habíamos hecho.


Porque el no tener la capacidad de reinventarnos con cada cambio, y propiciar esa renovación, no estaremos en condiciones de mantenernos jóvenes y tampoco estaremos en condiciones de dar tanto y tanto amor que se requiere para que nuestros hijos nos reintegren a sus vidas.


No dejemos que nadie, ni nada nos haga sentir viejas sólo porque ya tenemos una tarjeta de descuento.


Canta, ríe, súbete a la bicicleta, baila, camina y siente la brisa misma del otoño que, también es una estación hermosa y misteriosa.


¡Reinventarnos! Nunca es tarde para hacer crecer nuestro mundo y nuestro espectro.

Bendita oportunidad de renacer.

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Comentario

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Comentario de Renata Rodriguez el agosto 22, 2014 a las 4:52pm

Amiga: empecé a llorar en la tercera línea.  En el siguiente párrafo tuve que detener la lectura, quitarme los lentes de vista cansada, trapearme el rostro y respirar profundo para recuperar el resuello y poder seguir leyendo.

    Deja tu la pluma y el oficio evolucionado de escritora que me maravilla. De dónde sale toda esta lucidez?  De nuestros safaris en África a las demoledoras experiencias en Madagascar (tan personales) esta es, por mucho, tu mejor pieza.

    No te mediste! sigo toda contundida. GRACIAS!

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