Hoy es nochebuena. Irremediablemente estoy triste. Inclusive haciendo un recuento del año 2015 que se termia, y que fue maravilloso, no dejo de sentir esa opresión en el corazón por todo lo que no tengo; por lo que dejé de hacer. Por tanto sufrimiento a mi rededor y por mi falta de amor para involucrarme más. Parecería fácil y no lo es.
Estoy triste por los que ya se fueron y me hacen falta. Por los que están lejos, tan lejos que no siento más su presencia en mi vida.

Por los que no alcanzo por más que lo intento. Por aquellos de los que me he olvidado. Por los que no entiendo y por los que no me entienden.


Estoy triste por todos los que me regalaron pedazos de sus vidas, los que me regalaron con sus sonrisas y su tiempo momentos inconcebibles de alegría, pero también porque me compartieron sus preocupaciones.

Por toda esa gente generosa de la que no aprendí suficiente. Estoy triste porque mis amores están divididos en tres continentes. Y estoy triste porque los amo.


Estoy triste porque siempre en esta fecha me siento melancólica. Me siento tan diminuta en este universo tan grande, tan mezquino y cada vez más deshumanizado y más comercializado.


Estoy triste porque la humanidad que está cerca de mí no ha podido salir adelante. Estoy muy triste porque los depredadores están terminando con el ecosistema. Estoy muy triste porque los hombres matan a los hombres. Y estoy triste porque el dinero vale más que los valores.


Estoy cansada de vigilarme y de no alcanzarme. Estoy viendo que los años duran 365 días, pero de los de ahora. Que no duran. Que se nos escapan en un suspiro

Estoy triste porque nos falta imaginación. Porque creemos que copiando cosas en las redes sociales estamos participando para protestar y frenar esta hecatombe que estamos viviendo y que creemos que con sólo eso, estamos colaborando.


Veo con tristeza que la humanidad está mutando, y no precisamente para ser mejores y nos dejamos ir con el vaivén de las olas, y de las horas que vuelan, y entonces la marea sube y siento que me asfixia.


Pero hoy es un día feliz y entonces, yo también muto y me alegro de estar viva. De tener a quien tengo en mi vida y de a quienes forman parte de mi mundo.


Agradezco el sol que arrulla a los arrozales y los mantiene verde limón. Y agradezco a las tormentas que los alimentan y revive la esperanza de la cosecha.


Estoy agradecida de todo lo que tengo y que no tenía. Estoy agradecida por ese "curita "que he conseguido poner en mi corazón ante tanta desolación que me rodea. Ahora puedo ver a los ojos  añorantes de tanta gente infeliz que no tiene para comer.


Estoy agradecida por esa sonrisa que me regala mi malagasy más cercana cuando hablamos y no nos entendemos.
Porque ese olor agrio que transpira se me mete por los poros y no me lo quito de mis sentidos, también por eso agradezco cada día más lo que la vida en familia me regaló.


Gracias porque en este camino que cada día se acorta más, el aprendizaje se extiende mucho más.
¡Gracias!

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Comentario de Guadalupe Albert el diciembre 25, 2015 a las 11:45pm

Renata Querida!!

Felices fiestas,  Yo también te quiero entrañablemente!  Gracias por siempre estar pendiente.

Sé que mi texto esta un poco amargocito.  Desgraciadamente tengo razones suficientes que lo han provocado, pero estaré bien.  Estoy segura.

Será que ya va a salir el sol en este verano insufrible.

Te mando un gran beso y todo mi cariño-

G

Comentario de Renata Rodriguez el diciembre 25, 2015 a las 10:44pm

Amiga. No me gusta nada tu estado de ánimo. Aunque lejos se te quiere, aunque en otro continente, siempre que digas "escucha" una está acá con las orejas, las entendederas y un hombro para ti. Porque no abrazar en persona no significa que no se sienta un abrazo, porque para estar presente se puede vivir del otro lado del mundo.

     Las cosas duras que ves día a día... pues haces lo que puedes; ambas sabemos que no puedes hacer más. Si te dejas invadir por la desazón... no estarás en condiciones de hacer mucho, ¿verdad? Abraza la esperanza, deja ir la tristeza.

     Guadalupe: tú sabes cuánto te quiero, cuánto te respeto. Sabes que eres una de esas amigas que cuento con los dedos de una mano... y no hemos logrado vernos nunca frente a frente, no pudimos abrazarnos cuando estuviste acá. Eso te entristece? A mi no. A mi me llena de gratitud saberte en el mundo aunque sea en la conchinchina. Animo, querida. Te mando un costal de abrazos y besos, pero sobre todo te mando la luna llena de hoy envuelta para regalo.

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