Aun si usted no es un asiduo lector de la Biblia, probablemente conozca esta historia:

Dios crea a Adán, y a partir de Adán crea a Eva. Dios les dice que no coman “del árbol de la ciencia del bien y del mal”, pero una serpiente que habla los convence de que lo hagan. Dios los descubre y decide expulsarlos del Jardín del Edén, sellando para siempre la suerte, no sólo de estos dos rebeldes, sino de todos sus descendientes, incluidos usted y yo.

Sin embargo, lo que a menudo se deja de lado al contar esta historia es cualquier tipo de alusión al responsable de nuestra supuesta caída. ¿Es Adán? ¿Es Eva? ¿Es Dios?

No. De hecho es la serpiente, descrita por la Fundadora de la Iglesia de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy, en su exégesis del libro del Génesis, como el diablo, el tentador, un mentiroso. Aunque nunca he interpretado esta historia literalmente, aún pienso que contiene una enseñanza útil, en especial la metáfora de la serpiente que miente.

El siguiente caso ilustra este ejemplo.

El mes pasado estaba dando una caminata, reflexionando acerca de una relación con un amigo que había llegado a un punto áspero, cuando de pronto tuve la sensación abrumadora de que estaba siendo engañado. No quiero decir que mi amigo me había mentido, sino que yo estaba siendo tentado a creer que ambos éramos incapaces de superar nuestras diferencias.

Probablemente la mayoría de la gente piense que este es un concepto difícil de creer. Después de todo, las discrepancias, aun entre amigos, son muy comunes y no tienen importancia. Para mí, no tenía sentido que el Dios completamente benevolente del que leemos en el primer capítulo del Génesis —mucho antes de la aparición de una serpiente— me hubiera hecho enemistar con alguien que yo estaba seguro había sido creado por el mismo Dios.

Por lo tanto, partiendo de la premisa de que ni mi amigo ni yo éramos culpables, ¿dónde se había originado este desacuerdo, esta mentira?

Esto es como preguntar de dónde viene el resultado 4 + 4 = 23. No tengo idea, y honestamente, sería una pérdida de tiempo tratar de encontrar el origen de algo que, al fin y al cabo, no es más que un error matemático. En lugar de preguntar de dónde vino, quizás deberíamos preguntarnos si es real.

Llegué a la conclusión de que es mucho más fácil ver la falsedad de que 4 + 4 = 23, que lo es comprender que no había fundamento para lo que estaba ocurriendo entre mi amigo y yo, si, como dije, ambos teníamos el mismo creador. Aun así, el resultado era el mismo, pues de inmediato fui liberado de todo sentido de animosidad. La única diferencia real, por lo menos en mi experiencia, es que mientras el primer ejemplo está sustentado por las leyes de las matemáticas, el segundo se basa en un reconocimiento más profundo de lo Divino.

Ciertamente hay mentiras más flagrantes que las que enfrentamos todos los días, que pueden estar relacionadas con la política, la economía, nuestra familia, o nuestra salud, la mayoría de las cuales son bastante difíciles de detectar. Y hay quienes creen que los esfuerzos que se hacen por ver más allá de estas mentiras no son más que pensamiento positivo. Obviamente, yo veo las cosas de manera diferente.

“Porque no puedes andar sobre el agua y resucitar a los muertos, no tienes derecho a cuestionar el gran poder de la Ciencia divina en estas direcciones”, escribe Eddy. “Agradece que Jesús, quien fue el verdadero demostrador de la Ciencia, hizo estas cosas y nos dejó su ejemplo. En la Ciencia podemos usar sólo lo que comprendemos. Tenemos que comprobar nuestra fe mediante la demostración”.

Al igual que el joven lanzador de béisbol que empieza jugando en las ligas menores hasta toparse con los mejores bateadores de las ligas mayores, todos debiéramos estar dispuestos a desafiar las pequeñas mentiras antes de enfrentar las más grandes. Este proceso gradual nos permite mejorar nuestra habilidad otorgada por Dios de distinguir entre la verdad y el error y, al hacerlo, cosechar los beneficios.

A propósito, me hace feliz decir que el sentido de resolución que sentí respecto a la situación con mi amigo no fue unilateral. Desde el momento en que tuve aquella revelación respecto a las mentiras que nos cuentan, nuestra relación ha sido más armoniosa. Además, me siento mucho menos vulnerable a ser engañado por cualquier otra serpiente que encuentre en el futuro.

Eric Nelson escribe acerca de la relación entre la consciencia y la salud como Comité de la Ciencia Cristiana para California del Norte, EUA.

Artículo publicado originalmente en Communities Digital News, @CommDigiNews.

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