El Día Internacional de la Mujer Trabajadora del 2021 nos encuentra aún viviendo una Pandemia y nos convoca, en este marco, al reconocimiento del liderazgo de las mujeres y los esfuerzos que hacen para llevar a sus comunidades y organizaciones hacia un futuro igualitario en un contexto de crisis sanitaria, económica y social.

Hemos avanzado mucho desde la huelga de las trabajadoras textiles de 1908 en Chicago y Nueva York, en la que protestaron por las penosas condiciones de trabajo y de la Conferencia de Copenhagen, en 1911, donde Clara Zetkin propuso esta conmemoración internacional 

Gracias a la determinación y capacidad visionaria de muchas mujeres en la historia de la humanidad en distintos tiempos y culturas - y también de hombres como John Stuart Mill en Inglaterra, Qasim Amin en Egipto o Frederick Douglass en Estados Unidos, hoy, en la mayoría de los países, las mujeres tenemos derecho a votar, a estudiar, a trabajar, a emprender, a viajar solas, a decidir libremente nuestro estado civil y a planificar nuestras familias, entre otros derechos civiles, sociales y políticos.

Atrás han quedado las restricciones legales que nos prohibían contraer matrimonio inmediatamente después de divorciamos o las normas de esos códigos en las cuales se nos describía como incapaces de comprender los asuntos públicos y estábamos en el mismo nivel que los bienes muebles.  

Las mujeres nos encontramos en la primera línea de la crisis del Covid-19 como trabajadoras de la salud, cuidadoras, innovadoras y organizadoras comunitarias. También hay mujeres entre los líderes nacionales más ejemplares y eficaces en la lucha contra la pandemia. 

No obstante, el camino aún es largo y nos requiere alertas y en movimiento. La crisis ha puesto de relieve tanto la importancia fundamental de las contribuciones de las mujeres, así como el impacto negativo del desigual reparto de la carga doméstica, el aumento de la violencia machista - en crueldad y recurrencia - y la obstinada invisibilidad que aún cubre nuestros aportes y experiencias.

Este 8 de Marzo propongo dejar de lado nuestras divergencias y unirnos para conmemorar la historia de nuestra lucha como género y manifestarnos por lo que aún nos indigna. Les invito a hacer visible lo invisible, a nombrar lo que nos duele y lo que nos restaura la esperanza, porque lo que se comparte, existe.

Por ejemplo, podemos comenzar con:

Nombrar a Ariana, Bartolita, Pamela, Brenda, Mariana, Yorka, Herlin, Stefanía, Kimberly y Damaris, víctimas de feminicidio en lo que va del 2021 en Chile, cuyos nombres se añaden a la lista macabra de las muertes por violencia machista que suma y sigue sin parar a lo largo de nuestro continente.

Promover la lucha de las defensoras de derechos en todos los ámbitos. Las que se la juegan contra la precarización de la vida que implican las guerras, el racismo, la trata de personas, el narcotráfico, la violencia sexual, la depredación del medio ambiente o la contaminación del agua.

Construir memoria sobre el rol que nuestras ancestras tuvieron en forjarnos como mujeres. Las mujeres de la historia y de nuestra propia historia, cuya sabiduría nos acompaña y fortalece.

Reconocer a las mujeres que se organizan en barrios y territorios para movilizar personas y recursos a través de la Olla Común en tiempos de COVID-19, cuyo accionar es indispensable para sostener nuestras comunidades.

Dar espacio a las voces de las mujeres discapacitadas y aquellas que viven con problemas de salud mental. Ellas tienen un lugar en todas las instancias de decisión. No son meras beneficiarias de nuestros activismos y políticas, sino sujetas políticas y ciudadanas diversamente iguales. 

Valorar lo que las mujeres de nuestra vida nos entregan día a día. El apoyo cotidiano que recibimos de nuestras amigas, hermanas, colegas e hijas, lo que nos enseñan sobre ellas y nosotras mismas. 

En este 8 de marzo, hagamos visible lo invisible, para que nuestras acciones y experiencias se conozcan y aporten a la creación de un legado que inspire a otras mujeres y hombres a soñar más, a aprender más, a hacer más en pro de sociedades inclusivas, a buscar la igualdad como un requisito del buen vivir y la realización personal a través del bien colectivo.


Soy Vanessa y vivo en Chile. Trabajo en capacitación y proyectos sociales que articulan igualdad de género, educación y comunidad. Me interesa la innovación social liderada por mujeres. Creo en la acción colectiva. Amo escribir. 

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