Los aniversarios.

Sea fin de año o cumpleaños, siempre me han puesto a pensar cómo cierro el ciclo.

Hace unos días fue mi cumple y fue redondo. Hace muchos lustros no la pasaba tan feliz… y no por decreto, sino porque algo finalmente se me acomoda por dentro… creo.

Hemos oído mucho que la palabra construye, que decretar futuro lo convoca.  Que desear debe ir más allá de soñar porque también implica dar los pasos para llegar. Cuando uno escucha esas sentencias… está todita atorada.  Haces por dar los pasos, te programas, tratas moverte, y te quedas en paz pero no tan segura de que vaya a significar cambio en tu vida (te das de santos de que suceda un cambio interno).

Y sin clara cuenta, llega el día en que todo empieza a acomodarse como carretera de dominó.  Recupero mi entrada anterior: te acostumbras tanto a que la vida de devuelva bumerangs en la nuca, que te sorprende, te maravilla que te regrese cosa buena.  Te ibas convenciendo de que, con toda tu seguridad en ti misma y tus cada vez menores expectativas, así sería: puros trancazos…  Aprendes a estar contenta incluso ahí… porque lo que venga de fuera, de otros; no está en tu mano.

Y cuando piensas que ya te vas “hallando”; pácatelas! Te empiezan a pasar cosas buenas.

Siempre es más sencillo acomodarse a la prosperidad que a la vida dura… pero no deja de ser sorprendente. ¿Te ha pasado? ¡Cuéntame! Recibir tanto amor fue mi mayor regalo de cumpleaños. La epifanía fue consecuencia.

 

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Comentario

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Comentario de Abuela, Abuela el octubre 12, 2014 a las 10:39pm

    Un abrazo fuerte, aunque sea atrasado, por tu cumpleaños. Y más felicidades por las cosas buenas que la vida te está regalando. Recibe mi cariño Flaquita.

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