Uno de los mejores trabajos que he tenido ha sido cuando adolescente en casa de una socióloga y un periodista. En vacaciones de verano mi trabajo por doscientos pesos era limpiar la biblioteca que tenían en su estudio, sacudir el polvo de los libros. Es de los mejores trabajos que he tenido a lo largo de mi vida. Una de las prestaciones de la chamba, era :

-Puedes tomar el libro que quieras leer siempre y cuando lo regreses a su sitio.
 
 Leí de todo, libros que no entendía en ese entonces y libros que me descubrieron mundos increíbles. Había poesía y novelas y diarios. Ahí conocí a Anais Nïn, a Carlos Pellicer, a Virginia Wolf, a Simone de Beauvoir, a Efraín Huerta...

Otras dos bibliotecas fueron importantes. Aquella que organizó un maestro en mi primaria con la donación de libros para que tomáramos el que quisiéramos para el recreo y lo regresáramos al terminar. Recuerdo que llevé el primer libro que me regalo mi papá sobre un pescador japonés. Ahí conocí por primera vez a los Pitufos y a Moby Dick, libros que otros niños llevaron.

La tercera biblioteca fue la Biblioteca Pública José Othón que aún existe en la Col Sn Miguel Chapultepec. Yo salía de mi secundaria a unas calles y era el lugar perfecto para hacer mi tarea y leer sin que nadie me molestara con lluvia o con sol estaba arropada. Ahí leí completita la Cabaña del tío Tom.
 
 Otras personas me regalaron libros, recuerdo a Nancy refugiada chilena y amiga de mi mamá que me regalo dos tomos de "La Historia de la Humanidad" con unas imágenes increíbles y un texto que parecía novela. Fue por ese tipo de generosidades que pude leer muchísimo. Antes y ahora los libros son caros y un poco inaccesibles para niña/os con padres que por sus circunstancias es más prioritario llevar de comer a la panza que libros a la imaginación. Hace mucho que no voy a la escuela, pero supongo que pese al esfuerzo de maestrxs y (m)padres , aún sigue siendo difícil.

En un país donde el presidente no lee no hay muchas esperanzas... Hay iniciativas como llevar libros o antologías, y sobre todo, sigue habiendo locxs soñadorxs que se les ocurre recolectar libros para llevarlos allá a un pueblito donde todavía es más difícil que una niña o un niño, una jovencita o un muchachito tengan en sus manos uno de esos libros que son una belleza y que nos invitan a soñar, a trascender esta vida que nos ha tocado... Libros que no sean diccionarios ni de texto, libros que una atesora porque son bellos, porque son libros que mientras leemos nos hacen sentir que somos esa mujer, ese hombre que nos habla o de quienes hablan, que podemos ser animales o dioses, o podemos volar o sentir que justo quien escribe sintió lo mismo cuando sentimos que queremos llorar o brincar de alegría...

Alguien a quien quiero mucho me dijo:
 
 -Magos, porqué tienes tantos libros?
-Pues porque son míos, me siento segura con ellos
-Si te gustan tanto por qué no los compartes a otras personas?
-Pues por qué no!! Son míos!!...
I un par de cuates quieren formar una Biblioteca en la Huasteca. Loquitxs que quieren fomentar la lectura y sólo piden, yo les ruego... Se desprendan de un libro con dolor de dejarlo partir pero con la esperanza que una niña o un niño lo tenga en sus manos y pum!! El milagro se haga y puedan vivir otra vida.

Van libros que me cuesta dar, y me disculpo por otros que aún no puedo dejar ir. Pero va Virginia Woolf y Juan Gelman y un libro de Raquel Castro, y todos los cuentos de Antonio Pereira con un prólogo hermoso de Antonio Gamoneda y el libro de Kafka y sus dibujos... Van libros sin V de vuelta, van con V de vuelos hacia sueños, van hasta esa otra parte de mi país tan necesitado de más libros y menos desaparecidos...

Si ustedes quieren desprenderse y dejar volar un libro que les duela, yo les pongo en contacto con mis cuates, par de locxs soñadorxs...

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