Buenos días mis queridos lectores. Hoy mis letras se encaminan hacia una paradoja interesante. Los cuentos, las grandes historias, el cine y la televisión nos han enseñado que una vez que encuentras al "amor de tu vida" (el cual pongo entre comillas, dejándolo para las líneas de otro buen miércoles) todo será luz, campanas y miel sobre hojuelas, tras aquel: y fueron felices por siempre.
Sin embargo, una vez que damos el rimbombante sí ante el cura y el juez o incluso si tan solo decidimos compartir el INFONAVIT y unos cuantos ladrillos cúbicos o somos novios, amantes o amigos con derechos, las cosas parecen desteñirse y las hojuelas y la miel parecen no encajar como debieran.
Ha pasado el tiempo y la fórmula original que impulsaba mariposas en el vientre, noches espectaculares y promesas en el cielo, parece atrancada, ya no todas las noches son de ensueño y algunos cielos están nublados.
Empezamos a hacernos preguntas,  sin entender en dónde ha fallado el cuento. Esa persona sigue gustándome, aún quiero compartir la cama y la mesa, buscar un despertador y un camino, pero...parece que no hay respuesta, que el interés es humo y las ganas corren por algún agujero negro.
¿Entonces qué diablos pasa?
Se nos ha olvidado que nosotros, como cualquier ser vivo, cambiamos, evolucionamos, mutamos. En consecuencia, las relaciones que sostenemos harán lo mismo. Cuando somos capaces de entender esto también podemos darnos cuenta que nuestras relaciones ¡van a mutar! Habrá tiempos eléctricos, otros impávidos y otros más, bélicos, silenciosos o estridentes, pase lo que pase, cuando la marea cambie será tiempo de hacer un alto y revisar el fondo, si continua tibio y tembloroso valdrá la pena rescatarlo y soplar fuerte, si ya no vibra, será tiempo de soltar y dejar ir.
Debo decir que una recuperación de cenizas es gloriosa,  inspira, respira y explota, pero no todas las relaciones merecen una recuperación, también hay que saber decir basta, como hay que saber decir adelante, ambos son actos de valentía.
El punto de hoy es que las relaciones jamás llegarán al mentado: y fueron felices por siempre, eso es un gran absurdo que nos hemos creído.  Las relaciones mutan, tanto como lo hacemos los individuos que participamos de ellas, por lo tanto, una relación que haya iniciado con reticencias y pausas puede convertirse en fuegos artificiales pintados de azúcar y otra que hubiera parecido el cuento perfecto se desdibuja en ausencias y sal.

La palabra cambio nos pone alertas y a la defensiva, en las relaciones puede ser algo muy enriquecedor y generar lazos fuertes, valiosos, de esos que reconstruyen y dan impulso. Habrá que estar atentos de que así sea. En la vida, como en las relaciones, hay que aprender a bailar tango, a girar bajo la lluvia, a celebrar los amaneceres soleados y abrazarse fuerte en las nevadas.

Hasta aquí esta semana. Hagamos conciencia, toquemos cada día con las manos y armemos una revolución con las nubes y el sol. Los abrazo.

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