Hay textos que se escriben solos. Así, sin más ni más. A veces la que escribe no soy yo, es la niña de hace 30 años o quizás la adolescente de hace 20 y mucha otras, la adulta de hace 10 años. Desconozco el proceso, sólo sé que comienzo con una idea en la cabeza y cuando me doy cuenta ya me fui como hilo de media, escribí santo y seña de mi vida.

Incluso ha habido textos en los que al final me pregunto: “¿De dónde salió esto?” porque escribir de mi vida, al parecer, no es solamente un acto consciente o racional, escribir aflora sentimientos muy bien guardados, destapa emociones pasadas que pensaba que ya no me afectaban, y hasta me ha traído recuerdos que estaban como dormidos o borrados desde hace décadas.

A veces pienso que me encuero demasiado, sí, en este espacio he confesado cosas que ni a mis tres psicoanalistas y una psiquiatra les dije nunca. #FuertesDeclaraciones

Y aunque a veces me pongo aprehensiva sobre quién podría leer mis escritos, también es cierto que el hecho de publicar algo y que el texto corra por la web da una sensación de anonimato, al final no estoy frente a nadie en persona y eso lo hace más fácil.

Otros días, pienso: ¿Realmente el mundo necesita oooootro post sobre la vida común y corriente de una persona? Algunas ocasiones me respondo que no, que qué flojera contar mi vida, pero de pronto sucede que me encuentro una mujer, feminista radical, mamá soltera, funcionaria pública, que me dice: “Ese espacio y los textos de un par de entaconadas me han hecho el día, me han ayudado a resolver cosas y me han hecho sentir menos sola”. ¡Ah, jijos!

Pues sí, escribir sobre la vida propia resulta ser un espejo para otras personas, muchas que no conocemos y a veces otras tantas que sí conocemos pero que no imaginamos que se identifiquen con nosotras.

Escribir durante poco más de un año ha sido un ejercicio de conocimiento y reconocimiento. No todos los temas han sido fáciles, sobre todo porque aunque tenga la anécdota adecuada no la puedo escribir porque entonces lastimaría a otras personas o tendría que contar otras historias que no son propias y que no me toca a mi contarlas.

Ese ha sido otro aprendizaje: aquello de lo que no escribo pero que está en mi cabeza y luego no sé qué hacer con eso. Hay temas que me rondan la cabeza días o semanas después de que ya escribí el post.

Esta mujer con la que platiqué largo y tendido sobre las mujeres, sobre lo que hacemos y no hacemos, me hizo ver la importancia de un espacio como este, más allá del egocentrismo personal.

Lo que no se dice no se nombra, y lo que aquí escribo es la historia como yo la vivo, la pienso, la siento, la huelo, la escucho. Yo hablo desde estos zapatos y quizás habrá quien me diga que no fue así; pues les tengo noticias: para mí fue así. Eso es lo que cuenta.

Así que la escribe no siempre es la de la foto, ni la de las redes sociales, a veces la que escribe resulta una perfecta desconocida.

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