Me gusta despedirme antes de que lleguen los adioses y hacer simulacros con lágrimas de a mentiritas para que cuando lleguen las de verdad ya no me duelan tanto.

 

Tengo un radar que adivina los puntos finales, y las piernas comienzan a temblar en señal de que ya es tiempo de correr, se van enfundando calcetas y tenis para acercarse seguras a la  delgada línea que marca el inicio a una nueva carrera.

Por eso dejo siempre listas las maletas en la puerta, y como los magos,  solo voy sacando los trucos necesarios, alguna sonrisa bien puesta en su lugar, una que otra palabra y muchas muchas canciones que guardo rápidamente por si inesperadamente vuelven los tiempos de partir.

Y es que los finales tienen un olor menos perceptible que el de las nostalgias; sin embargo, de entre sus pliegues emana ese aroma finito que les sale a las historias que están a punto de cambiar de rumbo.

 

Nunca me he quedado a ver alguna hecatombe, por lo general huyo cuando todo huele a violeta y lavanda, cuando de los cuerpos aún emanan los deseos y brotan las sonrisas, prefiero quedarme con eso en los ojos en lugar de llenarlos de los polvos cegadores que le nacen a cada derrumbe.

 

Tampoco sé entonces qué es desgastar las historias y aguantar estoicamente para tenerme que evitar los eternos “si yo hubiera”, por lo que cargo también con una maleta llena de ellos, sí, me he resguardado tan bien el corazón que lleva años invicto pero no intacto, carente de llanto pero urgente de vida.

 

Y los cambios de página se adivinan cercanos, inminentes e innegables, se sabe entonces cuando es tiempo de dar vuelta a la hoja, dejar de tratar de descifrar los mensajes entre líneas sin la esperanza de encontrar alguna bonita respuesta.

 

Sin embargo, al pasar de los años, las piernas pierden su fuerza y tienen más ganas de enredarse con las de alguien ajeno a ellas que echar a volar como colibríes en busca del elixir prometido, aunque no siempre sea posible resguardarse en algún puerto seguro.

 

Luego llegan las lunas y con ellas las respuestas, entonces se pasa de la duda a la resignación e invariablemente llegan los llantos mudos y las preguntas aderezadas con ecos y mariposas muertas.


Entonces me asisten los miedos disfrazados de inseguridades y premoniciones, pero también me llega esta sabiduría que he ido tejiendo con el tiempo y que me dice que es mejor soltar los pesos para emprender los vuelos ligera de equipaje.

Twitter: @Miss__Ovarios

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