Tenía el  cuerpo rígido,  como el de los cables que sostienen algunos puentes para darles soporte,  como el de las piedras que solo miran pasar la vida sin reaccionar ante ella esperando que algún día alguien las tome y se haga cargo de ellas.

Respiraba por respirar y cada minuto de la vida se le iba esperando el siguiente y el siguiente y el siguiente,  pretendiendo que cada segundo futuro sería aún mejor que el presente.

Con los brazos y piernas inmóviles, limitados al movimiento único de una vida monótona en la que se come, se vive, se coge y se ríe nada más por esa bonita costumbre de hacer lo que se tiene  que hacer,  por esa manía de sobrevivir sin dolor a la vida.

Con el corazón latiendo una y otra vez por mero movimiento involuntario, cogiendo el aire con la nariz y manteniédolo en los pulmones y dejarlo ir con un sentimiento de pérdida,  con la certeza de que cada bocanada jamás permanece y todo siempre se va.

Tiesa atrapando cada idea, cada minuto de vida por ese miedo maldito a los dolores y mejor permanecer segura en la inmovilidad,  para evitar un nuevo descalabramiento acompañado de los consabidos ansiolíticos y eternas tardes en el diván contando mentiras para no soltar lo dolores, por miedo a que a su paso por la garganta le acaben de destruir las ganas de hablar, por temor a que las palabras quemen.

Reteniéndolo todo en su interior, el dolor, la risa, el placer y cada una de las palabras,  para que nada nunca se le escape de las manos, para que todo se quede siempre adentro, para no desbordar jamás y evitar los vacíos recurrentes que de todas formas siempre llegan puntuales cada noche.

Tan llena de sí misma y tan vacía de vida, tan segura y protegida del mundo y a la vez tan expuesta a ella misma, su peor enemigo, su cárcel,  su refugio y si guarida, con los hombros, la espalda y el sexo frígidos como los de una cochinilla envuelta en sí misma para echar a rodar cuando haga falta,  en modo de bolita que corre pero es incapaz de mirar nada porque está limitada a huir y mantenerse viva aún sin vivir plenamente la vida.

Y querer de pronto mirarlo y sentirlo todo extender cada uno de sus brazos para abrazar y ser abrazada, desentumir pues cada célula de sus piernas para sentir cada uno de sus pasos, abrir entonces los ojos si miedo a ser lastimados por la luz y por el polvo y finalmente abrir de par en par las puertas del corazón para sentir lo que sienten los vivos y de una buena vez comenzar a percibir cada pétalo de vida sin miedo a la muerte.

Twitter: @Miss__Ovarios
http://mariangel-elovario.blogspot.mx/

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