Este es el día de ponerle placer a las ideas

Y de pronto estás ahí, ya sea por suerte o por una planeación pormenorizada de los hechos, en el bien y muy apreciado "dale que te pego", los motivos pueden ser bien diversos, desde un calor inesperado hasta un amor de esos que te llenan el alma de mieles y suspiros.

Piensas muchas cosas y sin importar si se es hombre o mujer hay algún momento, que mezclado entre sudores, gemidos y mariposas,  en el que la cabeza se pierde del presente y se va de compras al centro comercial o elabora una lista minuciosa del presupuesto económico del mes en curso.
También depende mucho la persona con la que se compartan los consabidos fluidos amatorios, si es el ser amado en turno, existe la posibilidad de que de repente y sin avisos uno se encuentre ahí, literal, subida al guayabo del amor, con manos y ojos entrelazados, con las piernas y brazos engarruñados, sin saber si es por aquello que la gente llama amor, o si son los calambres propios de la edad los que hacen que un rictus aparezca sin escrúpulos en el también llamado "chaca-chaca".
Aún cuando se le ponga Chucho al niño con el amor en cuestión, a veces llegan a la cabeza pensamientos del tipo psyco killer y te preguntas si las mismas cosas que de pronto ronronea el tu oído se las decía a la otra u otro en el pasado, o en cómo decirle de una buena vez por todas que ese calzón se lo has visto miles de veces ya no te inspira nada más que ternura y unas ganas infinitas de tirarlo por la ventana en cuanto se distraiga un poco.
También pasa que llega el pesimismo y mientras estás "rechinando el catre" llegan ideas bien raras a la cabeza y te preguntas si será cierto el dicho este que versa que el "amor dura lo que dura dura", o si alguna vez el ser en cuestión habrá colocado unos cuernos bellamente elaborados en tu cabeza, quizás también te llegan las certezas de que aquello un día ha de terminar y en lugar de dejarte ir en los placeres de la carne, se te va el alma en nostalgias por algo que aún no ha pasado.
En tanto que si estás con el amante de ocasión y que al paso de los meses dejó de ser tan de ocasión, puedes pesar muchas cosas, entre las que destacan cómo decirle esta vez y sin ninguna clase de miramiento que ahora si te enamoraste como burrx sin mecate y rompiste la bonita promesa del "solo somos cuerpos que se encuentran de vez en vez para quitarse los calores", sabes que si dices eso in situ, además de asegurarte un orgasmo fallido también puedes perder a ese buen amante para siempre.
A veces también rondan por la cabeza esos pequeños juicios aderezados de risas internas respecto a la forma de gemir, o por esas caras que imaginas que pone cuando el ser en cuestión cuando está descomiendo, o esa forma que tienen algunos de cambiar de posición tan rápido que no sabes dónde quedó tu brazo y que en lugar de arcadas de placer te provocan calambres y gritas más de dolor que de alegría, provocando que la otra persona piense que es un dios sexual.
Luego pasa que si eres mujer y el macho alfa en cuestión es tu pareja fija, calculas, como las cuentas de un rosario, en qué  día del ciclo menstrual estás ubicada, uno, dos, tres, cuatro...-ahhh, ¿en qué día iba?- para saber si es probable sentir aquello sin el gorro puesto, en tanto que si se es hombre se puede llegar a pensar, -rayos, ojalá las cuentas cuadren y no vayamos a salir tres de esta gozadera promisoria-.
Para quienes siempre celebran este tipo de fiestas con los globos bien puestos llegan los pensamientos respecto al olor a piña colada que emana del preservativo, o la idea que llega constante y en medio de cada empellón del "ojalá no se rompa, ojalá no se romapaaaaaaahhhh..."
Me imagino que en el caso de ellos los pensamientos están, en algunas ocasiones, sino es que en la mayoría, concentrados en ciertos bamboleos, o en el clásico -resiste amigo, ya solo falta un poquito más, aguanta, aguanta, aguantaaaaa...-, en tanto que si se es mujer el pensamiento se centra en esta manía de controlarlo todo y pensar "no chingues, por qué te moviste si estabas bien justo ahí", incluso a algunas les da por pensar "ahora si, ya te fregaste, a ver qué te voy a sacar esta vez".
Y es que pueden ser muchos pensamientos los que bailan en la cabeza mientras se "despeina la cotorra", pueden ser incluso tratados de ideas que vienen en esos momentos en los que te compartes con otrx, porque se sabe que los seres humanos podemos estar en dos o tres partes a la vez, sin embargo, están esos 10 segundos en promedio en los que la mente se pone en blanco y el iris y las pupilas se te van hasta el hipotálamo y finalmente, por la gracia divina de compartir los cuerpos, se deja de pensar.

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