El consenso
por

   Víctor Alejandro Espinoza


La gran virtud de la propuesta de paquete fiscal del presidente Felipe Calderón es haber provocado una verdadera discusión a nivel nacional (y mediante la intervención de algunos laureados economistas) internacional. Pero aún más, el debate ha desbordado los estrechos márgenes del tema de los ingresos públicos para instalarse en la reflexión sobre la vigencia del modelo de desarrollo que hemos seguido desde los años ochenta. Es un fenómeno que parece no tener parangón: iniciar discutiendo de dónde saldrán los recursos públicos para enfrentar los gastos del año 2010, y seguir sobre las perspectivas y la viabilidad de la economía mexicana.
    Tampoco habíamos visto el fenómeno de que  prácticamente todos los sectores sociales, actores económicos y políticos, se manifestaran en contra del incremento de impuestos. Salvo miembros del gabinete, algunos gobernadores, legisladores y líderes del PAN, hemos visto crecer las críticas a las propuestas presidenciales. Además, en privado, muchos de los defensores expresan lo contrario. Pese a la intensa actividad desplegada por los voceros de la propuesta presidencial, no parece haber condiciones para que progrese. La última palabra la tiene el PRI y sus legisladores.
     Sin embargo, el PRI ha manifestado que sus congresistas no aprobarán el paquete fiscal. Todavía más, este martes 6, el diputado federal David Penchyna Grub, secretario de las comisiones de Economía y Hacienda y Crédito Público, señalaba que no se trata de aceptar partes de la propuesta fiscal y desechar otras, pues eso sería como hacer parches o mover la cobija; se trataría de presentar una alternativa general. Por ejemplo, dijo, no es aprobando el 2% del llamado “impuesto a la pobreza” como se resuelve la falta de liquidez para combatir los efectos más nocivos de la desigualdad social. Y propone algo “más sencillo”: regresar al nivel de gasto público del 2000. Entre ese año y el 2009, afirma, se ha incrementado en 120 mil millones el gasto corriente del gobierno federal. Gasto sustentado en el incremento desmesurado de los mandos superiores de la administración pública.
    El  presidente Calderón ha sido enfático al expresar que no hay mas camino para enfrentar los efectos más perniciosos de la crisis económica “que vino de fuera” que incrementar en 2% el impuesto al consumo. Connotados economistas le han dicho de mil maneras que se trata de una receta fuera de contexto o de época. La salida a una recesión, afirman, no puede lograrse contrayendo el gasto público o incrementando las cargas fiscales. El mantener “sanas” a las finanzas públicas en un momento como el que vivimos es un error. El Estado tiene que tomar las riendas de la economía y no esperar que sean los contribuyentes cautivos los que detonen el crecimiento. Pero nada de eso quiere oír el presidente; al único que parece escuchar es a nuestro rubicundo secretario de Hacienda. Alguien ha convencido a Felipe Calderón de que si no aumenta los impuestos la pobreza se incrementará. Pero el problema es que nadie ha probado que esa ecuación sea correcta. La salida al parecer está en la ruta de incrementar la base de contribuyentes y no ahorcar a los cautivos o a los que nada tienen. Además, cómo justificar a  los 60 millones de mexicanos que ahora mismo sobreviven en la miseria que deberán pagar más impuestos y que estos les serán devueltos a través de programas sociales; conociendo además la forma en que tradicionalmente operan dichos programas. La mula no era arisca.
    Yo espero que la estrategia no sea empecinarse en una propuesta sabiendo que el Congreso la desechará para luego justificar el desastre económico bajo el argumento de que “yo propuse pero no me dejaron” o la consabida de que el “Congreso se opuso a las buenas políticas económicas”. “El incremento de pobres se debió a la falta de apoyo de los legisladores de oposición”. Es una estrategia muy peligrosa para las aspiraciones presidenciales de 2012.  Lo constructivo debería iniciar por reconocer la postración de la economía mexicana y la necesidad de discutir a fondo la necesidad o no de un verdadero cambio de rumbo. La parálisis económica y las consecuencias de una sociedad empobrecida nos preocupan a todos. Volver a medrar con la pobreza es una ruta fallida y sumamente peligrosa.
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Víctor Alejandro Espinosa es  Investigador de El Colegio de la Frontera  Norte. Correo electrónico: victorae@colef.mx

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